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SHAMANISMO Y ESTADOS ALTERADOS DE CONCIENCIA
« on: Marzo 27, 2009, 01:37:20 pm »
SHAMANISMO Y ESTADOS ALTERADOS DE CONCIENCIA
DR. OSCAR HUTTERER ARIZA.
ACADEMIA MEXICANA DE MEDICINA TRADICIONAL
Dispongámonos a penetrar a ese mundo negado de forma progresiva y contundente en los últimos siglos, mediante una actitud positiva hacia el "pensamiento irracional" que comprende la intuición, el desarrollo de cualidades sutiles y la conexión con otras leyes que rigen otras dimensiones o mundos, y en los que "curar - mediante plantas sagradas - constituye una transferencia de energía vibratoria al cuerpo" generando el sentimiento sublime de lo divino en el viraje del mundo "pensamiento - sensación" al mundo "intuición - sentimiento".
De ésta forma el "shamán" es un mago que penetra al mundo de los espíritus o energías cósmicas, utilizando o no sustancias enteógenas . Por ser nuestro abordaje el hombre y sus niveles de conciencia, consideremos que está integrado por tres elementos: cuerpo, alma y espíritu, donde el "ESPÍRITU" o chispa divina representa una emanación de la fuerza creadora, faro luminoso del que alcanzamos a tener fugaces atisbos. (2)
El shamán penetra al mundo de las energías cósmicas, para alcanzar fugaces atisbos de sabiduría que iluminen su camino y poder guiar a su comunidad.
Como un enlace entre los dos extremos está el "ALMA", que comunica mediante ondas cuánticas la influencia del espíritu sobre el cuerpo, almacenando y catalogando las experiencias de la vida; así, el alma contiene tres atributos de manifestación: pensamiento, sentimiento y voluntad que son los que gobiernan las funciones cerebrales. De donde la MENTE se constituye en la función pensante del alma.
el "shamán" es un mago que penetra al mundo de los espíritus o energías cósmicas
De ésta manera todas las cosas tienen por padre al pensamiento, fuente de la vida dinámica e infinita y por madre a la materia, llena de vida y movimiento. Si consideramos al pensamiento como a una facultad del alma y a ésta como a una emanación del espíritu, podríamos decir que la cualidad distintiva del espíritu es el PENSAMIENTO, y por otra parte, la cualidad característica de la materia sería la FORMA, que implica extensión en el espacio y por tanto también limitación dentro de ciertas fronteras, a diferencia del pensamiento que se encuentra presente en su totalidad en todo lugar, intacto en todos y cada uno de los puntos del espacio simultáneamente.
De ahí que TIEMPO sea el lapso utilizado por un cuerpo para trasladarse de un punto determinado en el espacio, a otro; y por lo tanto lo que no puede cambiar de lugar pero que se encuentra en todas partes, no puede tener la dimensión tiempo.

Nada de lo formulado en el plano del pensamiento puede hallarse lejos de nosotros ni en el tiempo ni en el espacio y la imagen del objetivo pensado "toma existencia en un presente universal y eternamente cuántico", donde lo relativo y lo absoluto, lo concreto y lo abstracto, lo objetivo y lo subjetivo "no son antagónicos" ni incompatibles, son complementarios uno del otro y la única realidad es la combinación de ambos.
Nada de lo formulado en el plano del pensamiento puede hallarse lejos de nosotros ni en el tiempo ni en el espacio y la imagen del objetivo pensado "toma existencia en un presente universal y eternamente cuántico"
Dando progresión lógica a mis pensamientos, consideremos que la CONCIENCIA, existe fuera de nuestros cuerpos, independientemente, pero individual, alcanzada antes de la materialización del cuerpo, libre y "atemporal "; la conciencia no emerge sino que se conecta por medio el cerebro, así el sistema nervioso actúa como antena que construye la realidad, como flujo direccional de la interacción energética entre la experiencia y la estructura del espacio. Se constituye como ondas cuánticas de información que se mueven del espíritu a la materia y vuelven al espíritu, su patrón vibratorio determina la posibilidad de que tengan lugar acontecimientos físicos, así todo lo que existe en el mundo tiene un sentido; y son nuestros cerebros los que establecen contacto con ella y nos dan la sensación de poseerla internamente.
Toda la energía que el shamán concentra en un momento de curación física o psíquica, es tomada del cosmos inanimado y transformada por el shamán, para equilibrar sus fuerzas con la de los seres vivientes.
Nuestra conciencia no acaba en los límites del cuerpo, sino que es posible extenderla hasta los confines del universo y al comienzo y final del tiempo. Podemos aprender a cambiar nuestra conciencia, porque su campo sigue un patrón conformado en nuestra vida cotidiana por la conciencia ordinaria despierta que sólo nos permite darnos cuenta de una pequeña parte de la misma, debido a que, a causa de nuestras imágenes restrictivas, tenemos un acceso limitado a la magia de nuestros propios cuerpos.
Nuestra conciencia no acaba en los límites del cuerpo, sino que es posible extenderla hasta los confines del universo y al comienzo y final del tiempo.

Por lo tanto, la conciencia es un campo que no se mantiene siempre en nuestros cuerpos; en consecuencia, estamos conectados con toda la vida, lo que significa que tenemos la capacidad de sentir como lo hacen los animales de nuestro entorno, incluso sentir más allá de los muros del espacio y del tiempo. Si podemos ser conscientes de nuestros cuerpos de luz, es decir, la luminosidad existente dentro de nuestros cuerpos, tal vez no seremos capaces de cambiar de forma, pero seguramente podremos cambiar de mentes. La clave está en nuestras conciencias.
En todo está lo absoluto y su percepción solamente depende del nivel de conciencia del que ve. Lo que realmente percibimos es nuestra propia actividad neuronal observada por el ser. De ésta forma, aún en la percepción más "concreta" está involucrado el absoluto. Puesto que todo el universo está formado por vibraciones que se entremezclan sin una clara separación entre ellas, sus partículas aún separadas por años luz se siguen interactuando. De ésta forma, las ondas cuánticas son invisibles, son vitales, son parte de un sistema físico mítico, y sin ellas no existe modo de comprender el universo y la vida. Por ello sólo a través de la física cuántica encontraremos la conexión al comportamiento y sabiduría shamánica.
Tal vez no seremos capaces de cambiar de forma, pero seguramente podremos cambiar de mente.
La clave está en nuestras conciencias De ésta manera, todas las cosas, en especial nuestros cuerpos, persisten una vez aparecen en la evocación del patrón repetitivo de auto observación, es decir, mientras sigan viéndose como son. Este patrón existe a través del pasado, presente y futuro y está controlado por interacciones de luz en el seno del cuerpo, de ahí que todo el organismo esté absorbiendo y emitiendo continuamente luz. Esta danza de luz, onda partícula, es algo realmente mágica, ondas que de repente se transforman en partículas y vuelven a ser ondas dan realmente forma física al cuerpo.

Los shamanes como depositarios de la sabiduría ancestral, son los continuadores del cordón de la vida humana que inicia en el pasado, cruza por el presente y lleva al futuro su mensaje de continuidad.
Las fuerzas que realmente nos mantienen unidos a nuestro cuerpo son ondas de luz electromagnéticas, que de repente se transforman en partículas de energía que incomprensiblemente en la actualidad, nos permite alcanzar el control sobre la materia violando sus constantes físicas fundamentales.
De ésta manera, los shamanes, aunque pocos de ellos comprenden los principios de la física cuántica, creen en una semejante subestructura vibratoria del universo y viven en concordancia a sus efectos, penetrando con facilidad al seno de un mundo espiritual diferente al nuestro.
Los shamanes, son capaces de observar el mundo en términos de mitos y visiones que en un principio parecen contrarias a las leyes físicas, su nivel mítico de la realidad se encuentra en las percepciones del pasado y el futuro de la cultura, construyendo visiones míticas como arquetipos. Según la interpretación transaccional de la física cuántica (3) las ondas de probabilidad cuántica invisibles se originan en el presente, en el pasado y en el futuro, interfiriendo las unas con las otras; y, esta interferencia crea entonces la materia y la energía tal y como la percibimos, alterada y modificada por miles de años.

Los shamanes observan al mundo, en términos de mitos y visiones que parecen contrarias a las leyes físicas, pero encuentran en nuestro pasado histórico, las visiones míticas que construyen los arquetipos del mundo presente y futuro.
Así mismo, todos soñamos y nuestros sueños están llenos de imágenes arquetípicas, como el volar, el convivir con seres desconocidos y en muchas ocasiones fallecidos, etcétera, pero para vivenciarlo conscientemente se requiere un estado alterado de conciencia provocado por nuestras propias endorfinas cerebrales o al través de sustancias psicotrópicas contenidas en las plantas sagradas, tales como la mariguana, ayahuasca, hongos psilocibes, e incluso el tabaco, registradas a través de nuestros milenios tanto de prehistoria como de historia cultural del conocimiento y la sabiduría ancestral.
De ésta forma, los shamanes perciben la realidad en un estado de conciencia alterada donde manipulan la materia y la energía, actúan como observadores emergiendo de un sistema de probabilidad a uno real. Uno de nuestros más dignos ejemplos sería Pachita, curandera mexicana, que constituye uno de los mayores retos para el entendimiento científico, de una experiencia real de esta naturaleza.
Los shamanes trabajan en el seno de la estructura de creencias de los enfermos o desadaptados vibracionales, es decir, del que sufre y se agobia en un estado desequilibrado, con el fin de alterar y empujar fuera sus fijaciones, utilizando sabiamente el viejo proverbio de "ver para creer", porque el ser común sólo ve lo que cree.
Para el shamán, el sanar el cuerpo o el alma de sus pacientes debe reflejarse en la realidad, pues de lo contrario nadie creería en ellos.
Cuando observamos una telaraña detectamos que está formada por hilos vibrantes tal y como un holograma está conformado por ondas de luz que son vibraciones de energía, es decir, ambos conforman un orden implicado (4), normalmente invisible pero existente, conteniendo todos los fenómenos posibles que puedan ser experimentados.
Cuando se produce una experiencia, el orden varía y se denomina orden manifiesto, puesto que lo que es manifiesto es lo que se observa. De ésta manera, los shamanes eligen lo que es físicamente significativo y ven todos los acontecimientos como universalmente comunicados, escogen la realidad que perciben como verdad.
Los shamanes saben lo que físicamente es significativo, por ello escogen la realidad que perciben en su estado alterado de conciencia como verdad, aunque ella los lleve a la interpretación de mundos múltiples.
De todos es reconocido el hecho de que existen otros mundos presentes que afectan nuestra contemporaneidad; por lo tanto, el mundo que normalmente experimentamos es realmente una realidad múltiple, un compuesto de muchas realidades, algunas probables y otras virtuales como nuestros recuerdos y que según una interpretación de la física cuántica denomina la "interpretación de los mundos múltiples"(4).
Estas extrañas realidades - por no ser comunes - se toman en cuenta con el fin de explicar de un modo adecuado los procesos atómicos y moleculares más simples, considerando que todo estado adulto implica la aceptación de la división intrapsíquica y la coexistencia de varios niveles de conciencia.
De ahí la certeza de que los shamanes penetran en mundos paralelos donde son conscientes de un número de distintas e improbables realidades imbricadas en tiempo y espacio, que incluyen experiencias fuera del cuerpo, cambio de forma, transformación en animales y viajes a través del tiempo.
Los shamanes se ven a sí mismos como parte del gran universo madre y capaces de sintonizarse con lugares intermedios del planeta para mejorar sus poderes mágicos y de sanación, comunicándose con la tierra misma mediante la utilización de sus plantas sagradas y viviendo en las cercanías de lugares mágicos, circunstancias por las que los shamanes se realizan con esa gran sensación de poder que los identifica.
En ellos existe la idea de que cada ser humano es físicamente varón y hembra, y que un desequilibrio en la energía sexual tiene como resultado la enfermedad; de donde la energía sexual tiene mucho que ver con la interacción de la luz con la materia, como ondas cuánticas que se despliegan a lo largo del espacio e incluso más allá de las barreras del tiempo, por tanto la onda cuántica es una acción femenina y la partícula una acción masculina.
El verdadero shamán no presume de serlo, ni ofrece sus servicios en un mercado pueblerino de la salud; los verdaderos shamanes los recomiendan sus propios pacientes, a quienes les consta la efectividad de sus tratamientos.

Penetrar al mundo shamánico constituye toda una vida de preparación en el ser capacitado y designado, por ello, aunque un poco confuso, a pesar de intentos de ejemplificación común, he pretendido, en éste sucinto ensayo, advertir al lector ante quienes ofrecen cursos en 7 lecciones para ser shamán o aprender técnicas de shamanismo, e incluso, duden de quien adopta posturas endiosadas de shamán totalmente fuera de la modestia y del poder ambiental del verdadero shamán, y que han proliferado como "moda" entre grupos sociales incultos e inadaptados, que desean evadir su propia realidad y expandir sus fronteras cognoscitivas en la degradante dependencia de sustancias que conllevan a la drogadicción.
BIBLIOGRAFÍA
1.- La Antropología. Editorial Noguer. EMA Enciclopedia del mundo actual.- Barcelona. España. 1977. pp. 72,73.
2.- Guzmán Emilio. Limosnero o millonario. Editorial Orión. México. 1989. pp. 7-28.
3.- Cramer, Jhon G., an over view of the transactional interpretation of Quantum Mechanics. Review of Modern Physis. Vol. 58, n 3. Julio 1986.
4.- Bohm, David. Wholeness and the Implicate Order. Boston Routledge & Kegan Pasul. 1980. 5.- Cramer, Jhon G. Alternate Universes II. Analog. Noviembre 1984.
6.- Grinberg-Zylverbaum, Jacobo. Curaciones Shamánicas. Pachita el milagro de México. Biblioteca Fundamental Año cero. España. Julio 1994. pp. 196-211.