Author Topic: René Guénon  (Read 1615 times)

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René Guénon
« on: Febrero 20, 2009, 02:10:24 pm »
René Guénon

 
Réne Guénon en 1925René Guénon (15 de noviembre, Blois, 1886 - 7 de enero, El Cairo, 1951), matemático, filósofo y metafísico francés.

De profesión matemático, es conocido por sus publicaciones de carácter filosófico espiritual y su esfuerzo en pro de la conservación y divulgación de la Tradición Espiritual. Se le relaciona con Ananda Coomaraswamy, otro gran metafísico del siglo XX.

René Guénon, gran estudioso de las doctrinas orientales y de las religiones, se esforzó por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento oriental, especialmente de la India y por su defensa de las civilizaciones tradicionales frente a Occidente. Destaca su crítica a la civilización occidental desde presupuestos metafísicos y no ideológicos ni políticos. El estudio de sus libros sobre el hinduismo es indispensable para todos aquéllos que quieran profundizar en dicha tradición.
 


 Biografía 
René Guénon, hijo único de Jean-Baptiste, arquitecto, y de Anna-Léontine Jolly, nace en Blois el 15 de noviembre de 1886. Transcurre en esta ciudad una infancia y una adolescencia totalmente normales, recibiendo la primera educación de su tía materna, institutriz, y continuándola luego en la escuela de Notre-Dame des Aydes, conducida por religiosos. En 1902 pasa al Colegio Augustin-Thierry y al año siguiente se recibe de bachiller «ès lettres-philosophie».

En 1904 se dirige a París, para seguir un curso académico de matemáticas superior en el colegio Rollin. Sin embargo, en 1906 aproximadamente interrumpe sus estudios universitarios, a causa, se dice, de su salud, que según parece ya era bastante delicada desde la infancia. En el ínterin, se había establecido en la calle Saint-Louis-en-l’Ile nº 51, domicilio que mantuvo por varios años.

Después de la interrupción de los estudios académicos comenzó para René Guénon un período rico en encuentros y fecundo en escritos; sin embargo, es en extremo difícil recoger testimonios seguros sobre sus relaciones, complejas, y generadas frecuentemente por motivos que tenían una relación directa con el desarrollo de su obra escrita, en particular en su aspecto de clarificación y condena de las pseudo-doctrinas ocultistas y «teosofistas». En el período que va de 1906 a 1909 René Guénon frecuenta la «Escuela Hermética», dirigida por Papus, y se hace admitir en la Orden Martinista y en otras organizaciones colaterales. En el congreso espiritualista y masónico de 1908 en el que participa en calidad de secretario de despacho, entra en relación con Fabre des Essarts, «patriarca» de la «Iglesia Gnóstica», en la cual lleva el nombre de Synesius. René Guénon ingresa en esta organización con el nombre de Palingenius. Aquí conoce a dos personajes de notable apertura mental: Léon Champrenaud (1870-1925) y Albert Puyou, conde de Pouvourville (1862-1939), el primero entraría más tarde en el Islam con el nombre de Abdul-Haqq, el segundo un ex-oficial del ejército francés que durante su destino en Extremo Oriente había sido admitido -caso más bien único que raro para un occidental- en ambientes taoístas. Siempre en este mismo período se produce la formación de una «Orden del Templo», dirigida por Guénon; esta organización tendrá una vida breve, pero costará a su fundador el ser excluido de los grupos dirigidos por Papus. También es de este período la admisión de René Guénon a la Logia masónica Thébah, dependiente de la Gran Logia de Francia, del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Es 1908 el año al que algunos hacen remontar el encuentro de Guénon con calificados representantes de la India tradicional.

En 1909 funda la revista La Gnose, donde aparecerán su primer escrito, intitulado El Demiurgo, artículos sobre Masonería y, lo que es más importante en cuanto que demuestra cómo las doctrinas orientales ya habían sido completamente asimiladas por él en esta época (contaba entonces 23-24 años), las primeras redacciones de El Simbolismo de la Cruz, El Hombre y su devenir según el Vêdânta y Los principios del cálculo infinitesimal. A fines de 1910 conoce a John Gustaf Agelii, pintor sueco devenido musulmán con el nombre de Abdul-Hadi cerca de 1897, y vinculado al Tasawwuf (esoterismo islámico) por el Sheikh Abder-Rahmân Elish el Kebir. La revista La Gnose deja de publicarse en febrero de 1912. El 11 de julio del mismo año René Guénon se casa en Blois con la Srta. Berthe Loury y, siempre en este mismo año, entra en el Islam.

A los años 1913-1914 se remonta su encuentro con un hindú, el Swami Narad Mani, quien le procura una documentación sobre la «Sociedad Teosófica» que le servirá probablemente, en parte, para la redacción del estudio sobre la organización en cuestión. Entre los años 1915 a 1919 es suplente en el colegio de Saint-Germain- en-Laye, reside en Blois (donde muere su madre en 1917) y es profesor de filosofía en Sétif (Argelia). Retorna a Blois y luego a París.

En 1924 (y hasta 1929) da lecciones de filosofía en el curso Saint-Louis; en este año tiene lugar una conferencia de prensa en la cual participa junto a Ferdinand Ossendowski (polaco, autor de una crónica de viaje a través de Mongolia y el Tibet que había despertado un cierto interés algunos años antes), Gonzague Truc, René Grousset, y Jacques Maritain. También en 1924 aparece la obra Oriente y Occidente.

El año 1925 ve su colaboración con la revista católica Regnabit, dirigida por el R. P. Anizan, que le había sido presentado por el arqueólogo Louis Charbonneau Lassay, de Loudun (la colaboración con esta revista cesará pronto, en 1927).

El 15 de enero de 1928 fallece su esposa. En este mismo año comienza su colaboración regular con la revista Le voile d’Isis, la que desde 1933 tomará el título de Études Traditionelles.

En 1930 parte para El Cairo, donde se establecerá definitivamente, desposando en 1934 a la hija del Sheikh Mohammed Ibrahim, con la que tuvo cuatro hijos (dos varones y dos niñas), uno de ellos póstumo. El resto de su obra de clarificación doctrinal fue compuesta en el período de su estadía en Egipto, período que va de 1930 a 1951, año en el que muere, el día 7 de enero.

(Extracto de ¿Vida simple de René Guénon?, de Pietro Nutrizio, Rivista di Studi Tradizionali Nº19, abril-junio 1966, del sitio web Revista de Estudios Tradicionales)


 Análisis de su obra 
Su obra escrita se puede dividir en varios bloques temáticos:

exposición de doctrinas orientales y principios metafísicos: aquí se encuentran obras como Introducción General al estudio de las Doctrinas Hindúes (su primera obra, que escribió por encargo y que es una introducción a la Tradición en general), Los estados múltiples del Ser o Principios del cálculo infinitesimal;
estudios sobre simbolismo y su interpretación ortodoxa tradicional, en este apartado se encuadran los numerosos artículos escritos para la revista El velo de Isis que posteriormente pasaría a llamarse Revista de Estudios Tradicionales. Estos artículos fueron compilados por Michel Vâlsan en la obra póstuma Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada y en La Gran Tríada;
ensayos relativos a la Tradición Primordial, la Iniciación y las sociedades iniciáticas tanto actuales (Masonería) como históricas: El Rey del Mundo;
reflexiones críticas sobre el mundo moderno y la sociedad occidental. Contra lo que podría parecer René Guénon estuvo muy preocupado por el mundo presente.
Partiendo de una fuerte crítica a la sociedad occidental pueden distinguirse tres etapas cronológicas en su toma de postura respecto a la cuestión, etapas que se corresponden a su vez con las tres obras con que aborda principalmente el problema de la modernidad:

Oriente y Occidente es la primera de ellas, aborda la falta de comprensión y entendimiento entre esos dos mundos que denominamos Oriente y Occidente, condenados a entenderse si no quieren aniquilarse recíprocamente y perecer. René Guénon defiende una salida inevitablemente dialogada a esta tradicional oposición como vía para lograr el entendimiento entre las diferentes culturas. Hay que señalar que pese a traslucir un optimismo ingenuo es precursor al señalar esta confrontación (o conflicto) que hoy día está en el punto de mira de todos los analistas del mundo actual.
La Crisis del Mundo Moderno, a la luz de los acontecimientos que se sucedían en el período de entreguerras René Guénon ve matizado su optimismo, pero no abandona la idea de que el entendimiento entre ambos y la rectificación en vista a una vuelta a la normalidad de Occidente, son posibles. Su análisis se sustenta en la confianza de preservación (en cierta medida) del Espíritu Tradicional en el extremo Oriente, en particular en las culturas china e india.
El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos. Sin duda su mayor, más completa, ambiciosa y acabada obra. Sus anteriores optimismo y confianza dan lugar a un análisis más duro y frío en el que domina el pesimismo y quizá cierto desapego por el destino de la civilización humana actual. En efecto, la Guerra Mundial no deja lugar para la esperanza ni el optimismo. En esta obra René Guénon analiza la civilización occidental partiendo de los principios generales del Vedânta y situándola dentro del marco de las Cuatro Edades (Yugas) que establece la Tradición. Las conclusiones son tan demoledoras como preocupantes por lo que suponen a futuro.
Esta clasificación temática de la obra de René Guénon no es rigurosa pues en cada obra se encuentran contenidos pertenecientes a los otros campos. Sería vano intentar sistematizar una obra tan interdisciplinar y que se quiere abierta, a diferencia de un sistema filosófico que pretende siempre ser completo y cerrarse sobre sí mismo. Su obra no intenta ser un sistema cerrado, definido y acabado sino una mirada abierta y múltiple sobre el mundo, llena de sugerencias y referencias a todos los campos.


 Pensamiento
René Guénon define el mundo moderno como la degeneración e inversión del mundo Tradicional. Por una parte el carácter decisivo de la modernidad es su carácter anti-tradicional, su negación de toda herencia del pasado y su falta de reconocimiento de cualquier deuda con una sabiduría o cultura anterior. La oposición clásica entre Occidente y Oriente no es geográfica sino ideológica y doctrinal. Por eso se puede decir, un poco paradójicamente que mientras Europa fue tradicional (en la Edad Media) se la podía calificar de "oriental" desde nuestra perspectiva actual. Del mismo modo el Oriente actual, investido de pensamiento occidental, no es ya "oriental", está occidentalizado (o en otras palabras des-orientado, si tomamos el sentido simbólico y profundo del término). En efecto, como advertía René Guénon la Edad Media estaba más cercana a la civilización india o extremo-oriental que a nuestra sociedad actual en cualquiera de sus aspectos. De hecho el carácter tradicional de la Edad Media aseguraba y garantizaba un permanente contacto y diálogo con el Oriente tanto geográfico como doctrinal.

La conclusión última de su obra (contenida principalmente en El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos) es que la condición del mundo moderno testimonia el fin del ciclo actual de la humanidad, algo que señalan simbólicamente los mismos términos Oriente y Occidente (en particular éste último, tomado por nuestra misma civilización para auto-denominarse, lo que no deja de ser llamativo). René Guénon encuentra la prueba de esto en la desaparición progresiva de la Tradición dentro de las sociedades occidentales. Al respecto, una de sus grandes aportaciones son los términos de "seudo-iniciación" y "contra-iniciación". René Guénon se esfuerza por desmontar tanto en la forma como en el fondo aquellas organizaciones que siendo presuntamente tradicionales tienden en realidad a subvertir la verdadera organización tradicional, en la mayoría de las ocasiones por ignorancia de la verdadera doctrina tradicional que les lleva a construir y abrazar una seudo-doctrina.

René Guénon nunca negó su vinculación a la Franc-Masonería, en la que fue iniciado, aunque no cesó de denunciar el carácter superficial y seudo-esotérico que se había instalado en la misma institución por ignorancia de su verdadera función y objetivo.

Guénon afirma que su enseñanza no se debe a un pensamiento de corte individual o personal, influenciado por alguna filosofía particular. Por el contrario él se escapa del cuadro moderno de ciencias y filosofía y se encuadra más bien en el nivel de la pura metafísica y los principios universales. Y aborda estos objetivos con lógica y rigor con la intención de rendir sus obras a todos aquellos que buscan todavía la verdad en el mundo.


 Críticas a su obra 
A lo largo del siglo XX la obra de René Guénon ha generado un importante debate, con apologistas y opositores de las más diversas formaciones.

Entre quienes han reconocido “activamente” el valor de su obra se encuentran los colaboradores de la Rivista di Studi Tradizionali de Torino, Italia, publicación que ha favorecido la difusión de los escritos de René Guénon en lengua italiana, teniendo a su cargo inclusive la traducción de muchos de los mismos.

Entre los opositores, pueden señalarse:

- aquellos que, especialmente en el ámbito académico, como por ej. Umberto Eco, rechazan completamente sus premisas, métodos y conclusiones, por no considerarlas de carácter científico;

- aquellos que, como Giuliano Di Bernardo, lo definen como un pensador francés “convertido” al Islam, un tradicionalista “reaccionario” o las dos cosas;

- aquellos que, como Jean Daniélou por ej., critican a René Guénon por no considerar la aparición de Cristo como la “irrupción de lo sagrado que ha cambiado el curso de la historia”, y que rechazan las soluciones propuestas respecto de la iniciación (Sufismo y Masonería) en tanto que afirman el valor iniciático de los sacramentos cristianos y niegan la posibilidad de la realización metafísica, es decir de la superación de la distinción “Creador-criatura”;

- aquellos que, como Julius Evola, considerando solamente el aspecto de “crítica de la modernidad” de René Guénon (reduciéndola sin embargo a una cuestión principalmente de orden socio-político), rechazan las soluciones propuestas tanto para la iniciación así como para diversas cuestiones de orden doctrinal, como por ejemplo la subordinación de la acción a la contemplación.

- aquellos que fueron contemporáneos de René Guénon y que provienen del ámbito ocultista, seudo-esotérico o teosófico, tales como Paul LeCour o Gustave Bord. La respuesta de René Guénon a estos autores figura en obras como El Teosofismo: historia de una seudoreligión o Estudios sobre la Masonería y el Compañerazgo.

Otros autores aceptan parcialmente la obra de Guénon, con diferentes matices. Entre ellos se distinguen, muy sintéticamente:

- quienes aceptan el planteo general pero rechazan la solución de la Masonería en favor de la del Sufismo (por ej. Michel Vâlsan y Titus Burckhardt);

- quienes aceptan el planteamiento general de R. Guénon pero sustituyen la idea de “metafísica” por la de “unidad trascendente de las religiones”, reconociéndose en una “escuela” autodenominada perenialismo, cuyo origen reconduce al mismo Guénon (por ej. Frithjof Schuon y Martin Lings);

- quienes, como Jean Reyor, aceptan algunas premisas pero, rechazando las soluciones propuestas para la iniciación (Sufismo y Masonería), formulan las propias (Catolicismo) en artículos “que complementan la obra de René Guénon”, en documentos “confidenciales” y en biografías firmadas por otros (como es el caso de “La Vida simple de René Guénon”); a menudo el tono y los métodos adoptados parecen configurar estos trabajos más como un intento por desviar al lector de las ideas expresadas en la obra de René Guénon, que como una serena confrontación en el plano intelectual.


 Obras 
Obras de René Guénon, según el año de la primera edición:

1921 - Introducción General al estudio de las doctrinas hindúes.
1921 - El Teosofismo, historia de una seudoreligión.
1923 - El Error Espiritista.
1924 - Oriente y Occidente.
1925 - El Esoterismo de Dante.
1925 - El Hombre y su devenir según el Vedânta.
1927 - El Rey del Mundo.
1927 - La Crisis del Mundo Moderno.
1929 - Autoridad espiritual y poder temporal.
1929 - San Bernardo.
1931 - El Simbolismo de la Cruz.
1932 - Los estados múltiples del ser.
1939 - La Metafísica Oriental.
1945 - El Reino de la Cantidad y los signos de los tiempos.
1946 - Consideraciones acerca de la Iniciación.
1946 - La Gran Tríada.
1946 - Los Principios del Cálculo Infinitesimal.
Publicaciones póstumas:

1952 - Iniciación y Realización Espiritual.
1954 - Consideraciones sobre el esoterismo cristiano.
1962 - Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada.
1968 - Estudios sobre hinduismo.
1970 - Formas tradicionales y Ciclos Cósmicos.
1973 - Apreciaciones sobre el esoterismo islámico y el Taoísmo.
1973 - Reseñas
1973 - Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo.

 Bibliografía 
Chacornac, P., La vida simple de Rene Guenon, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1987
Mahmud, Abdul Halim, "al-'arif bi-llah al-shayj Abdul Wahid Yahya", Qadiyya al-tasawwuf, Dar al-Marifa s/f 4ª edición. Capítulo dedicado a René Guénon por el Shaij al-Azhar Abdul Halim Mahmud, en este estudio sobre los maestros de la tariqa Shadhiliyya.

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Re: René Guénon
« Reply #1 on: Junio 12, 2009, 03:30:26 pm »
René Guénon

El francés de René Guénon es a la vez preciso y límpido, e inevitablemente pierde con la traducción; su tema es de un interés absorbente, al menos para quien se interesa por lo que Platón llama las cosas realmente serias. Sin embargo, a menudo se ha considerado indigerible; en parte por la razones que ya se han dado, pero también por algunas razones que, paradójicamente, ha expuesto un reseñador de la obra de Blakney, Meister Eckhart en el Harvard Divinity School Bulletin, que dice que "Para una época que cree en la personalidad y en el personalismo, la impersonalidad del misticismo es enormemente frustradora; y para una época que quiere potenciar su conocimiento de la historia, la indiferencia de los místicos hacia los acontecimientos temporales es desconcertante". En cuanto a la historia, las siguientes palabras de Guénon, a saber, "el que no puede escapar del punto de vista de la sucesión temporal, y ver todas las cosas en simultaneidad, es incapaz de la menor concepción del orden metafísico", complementan adecuadamente las palabras de Jacob Boehme de que la "historia que pasó una vez" es "meramente la forma (exterior) del cristianismo". Para el hindú, los acontecimientos del ôgveda son ahora y sin fecha, y la Krishna L´lŒ "no es un acontecimiento histórico"; de hecho, la confianza del cristianismo en "hechos" supuestamente históricos, parece ser su mayor vulnerabilidad. El valor de la historia literaria para la doxografía es muy escaso, y por esta razón muchos hindúes ortodoxos han considerado que la erudición occidental es un "crimen": el interés de estos hindúes no está en absoluto en "lo que han creído los hombres", sino en la verdad. El lenguaje inflexible de Guénon, presenta además una dificultad extra; "la civilización occidental es una anomalía, por no decir una monstruosidad". Precisamente sobre esta expresión, un comentarista ha observado que "observaciones tan devastadoras como ésta no pueden compartirlas ni siquiera los críticos de los avances occidentales". Sin embargo, ahora que su desenlace está ante nuestros ojos, yo habría pensado que la verdad de esta afirmación podría haber sido reconocida por cualquier europeo libre de prejuicio; sea como fuere, en 1915, sir George Birwood describió a la civilización occidental moderna como "secular, sin alegría, vana, y autodestructiva", y el profesor La Piana ha dicho que "lo que nosotros llamamos nuestra civilización no es otra cosa que una máquina mortífera sin conciencia ni ideales"; y al calificativo de mortífera podría haberle agregado el de suicida. Sería muy fácil citar innumerables críticas del mismo tipo; por ejemplo, sir S. Radhakrishnan sostiene que "la civilización no merece salvarse si continúa en su rumbo presente", y esto sería muy difícil de negar; el profesor A. N. Whitehead ha hablado con tremenda contundencia -"Queda la apariencia de la civilización, pero sin ninguna de sus realidades". En cualquier caso, si hemos de leer realmente a René Guénon, debemos haber rebasado el punto de vista, temporalmente provinciano, que durante tanto tiempo y tan complacientemente ha considerado un progreso continuo de la humanidad, progreso que habría culminado en el siglo XX; y debemos estar dispuestos a preguntarnos, al menos a nosotros mismos, si no habrá habido más bien un declive continuo, "desde la edad de piedra hasta ahora", como me señaló una vez uno de los hombres más instruidos de América. Ciertamente, no será la "ciencia" la que nos salve: "la posesión de las ciencias como un todo, si no incluye la mejor, en algún caso ayudará al poseedor, pero mucho más a menudo le perjudicará". "Estamos obligados a admitir que nuestra cultura europea es una cultura de la mente y de los sentidos sólo"; "La prostitución de la ciencia puede llevar al mundo a la catástrofe"; "Nuestra dignidad y nuestro interés requiere que nosotros seamos los directores y no las víctimas de los adelantos técnicos y científicos"; "Pocos negarán que el siglo XX nos ha traído un amargo desengaño"; "Nosotros nos enfrentamos ahora a la perspectiva de una quiebra completa en todos los campos de la vida". Eric Gill habla de la "inhumanidad monstruosa" del industrialismo, y del modo de vida moderno, como "ni humano ni normal ni cristiano… Es nuestra manera de pensar misma lo que es extravagante e innatural". Este sentido de frustración es quizás el signo más alentador de los tiempos. Hemos hecho hincapié en estas cosas, porque René Guénon se dirige sólo a aquellos que sienten esta frustración, y no a aquellos que todavía creen en el progreso; a todos aquellos que están satisfechos, lo que René Guénon tiene que decir les parecerá completamente descabellado. Tomado de ¿Soy yo el Guardián de mi Hermano?, de A.K. Coomaraswamy.