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Autor Tema: El hombre estelar  (Leído 748 veces)
Crow
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« Respuesta #15 en: Febrero 11, 2009, 05:48:41 »

Tres objetivos básicos

Como ya lo hemos señalado, son la formación del yo volitivo, el despertar, y la digestión mental. Sobre estos puntos ya hemos hablado lo suficiente. Solamente queremos insistir en el proceso de la digestión mental, como lo más importante para “procesar” la información que adquirimos por medio del estudio.

Cuando aprendemos a efectuar de manera acabada la digestión mental, se abre un nuevo mundo a nuestros ojos asombrados, ya que descubrimos así el verdadero sentido de la información escrita u oral, la significación genuina del arte, la música, y otras formas de expresión humana. Esta capacidad de penetración que se alcanza a través de la mente, llega tan lejos, que no importa qué libro leamos, no interesa qué es lo que hagamos en un momento dado; siempre extraeremos sabias y provechosas lecciones, ya que aprenderemos a leer en el libro abierto de la Naturaleza.

Los animales, las plantas, los pájaros, y aun las piedras, nos hablarán en un lenguaje mudo, pero que entenderemos perfectamente. Además, estaremos permanentemente transformándonos, mediante el proceso de la comprensión, en seres cada vez más sabios y conscientes.

Esto nos permitirá ayudar a nuestros semejantes, pero no por medio de la caridad, la donación o la política, sino de un modo superior, enseñándoles a vivir sabiamente, enseñándoles a pensar y a decidir por sí mismos; mostrándoles la conveniencia de que tomen su vida en sus manos y se salven por su propio esfuerzo, ya que la era de los Mesías ha pasado; quien no se salva a si mismo, se condena. Solamente el individuo que llegó a formar su mente puede aquilatar la desmesurada importancia de este hecho.

Tres objetivos superiores

Hemos señalado tres objetivos superiores: desprogramación, muerte iniciática, y renacimiento. Los tres forman parte de un solo proceso, y representan diferentes grados de él. Programación es el conjunto de circuitos mecánicos o automáticos que gobiernan la parte biológica y psicológica del sapiens.

Por supuesto que no queremos interferir con las funciones biológicas a no ser que se trate de corregir alguna anomalía; sólo buscamos, la liberación psicológica del individuo, para lo cual, no obstante, es necesario reeducar la capacidad motriz.

Expondremos de manera muy general y simple lo que constituye la base del sistema de desprogramación: “se trata de sustituir circuitos automáticos por circuitos conscientes”. Se desprograma al individuo sometiéndolo a un reaprendizaje vigílico. Para comprender esto es preciso tener presente que los circuitos mecánicos se forman en el ser humano merced al aprendizaje.

Es así como en un momento dado, el niño empieza a caminar sin esfuerzo, en virtud de la automatización del circuito que se ha formado por la repetición del movimiento voluntario. Sin embargo, sostenemos que debido al bajo nivel de vigilia en que vive el sapiens, todo aprendizaje es de carácter onírico, es decir, no lleva incorporado un estado de conciencia superior, por lo cual, el aprendizaje general, es de tipo “mecánico”, y refuerza el programa del individuo, disminuyendo progresivamente su nivel consciente, y haciendo más escasas las posibilidades de despertar a una vigilia más elevada.

Paradójicamente, mientras más aprende el ser humano, “menos humano” se vuelve, ya que aumenta la potencia y extensión de sus circuitos mecánicos, acercándose cada vez más al robot.

Esto, como ya lo hemos manifestado, conduce invariablemente a la anulación de la genuina inteligencia y a la esclavitud o dependencia absoluta del programa. Consideramos que los tests de medición del coeficiente intelectual sólo determinan “cuán adiestrada está la inteligencia del sujeto”, la agilidad, coordinación y rapidez con que se produce la síntesis de la información neuronal.

Estas cualidades, recuerdan, en verdad, las características generales de un computador. Si existieran robots muy perfeccionados, y éstos pudieran diseñar y aplicarse mutuamente tests de inteligencia, seguramente obtendrían un rendimiento sobresaliente, pero medirían solamente la inteligencia mecánica. Estos autómatas, sin embargo, podrían aplicar su extraordinaria capacidad “intelectual” para realizar funciones de una manera mucho más rápida y eficaz que el sapiens.

Herméticamente, consideramos al ser humano un perfecto autómata, por lo tanto, negamos que su inteligencia corresponda genuinamente a lo que debe ser el intelecto superior de un verdadero ser humano despierto y consciente.

La desprogramación del individuo, que se consigue gradualmente por medio de un aprendizaje en estado de vigilia superior, da nacimiento a la verdadera inteligencia, la cual conduce a la adquisición del “conocimiento viviente”, en oposición al “conocimiento muerto” del sapiens.

Observaciones herméticas que se han llevado a cabo desde la más remota antigüedad, han permitido establecer que un sapiens no fallece necesariamente al separarse su espíritu del cuerpo, proceso que constituye lo usual, sino que en el caso de muchas personas, el cuerpo continúa viviendo como un verdadero “zombi” a pesar de haber emigrado el espíritu hacia una vida mejor.

Una persona puede vivir 30 ó 40 años en estas condiciones, llevando una vida aparentemente normal. Lo pavoroso es que nadie se da cuenta de esto; nadie sabe que está saludando, conversando, o conviviendo, con un auténtico “cadáver viviente”. Desde el punto de vista hermético, un cadáver no es aquel cuerpo físico en el que se paralizó la vida biológica, sino que es el cuerpo que carece de espíritu, ya que éste (el espíritu) es el sujeto mismo, es el verdadero yo, es el individuo real tras “la persona”.

Si no pueden reconocer un cadáver, no parece, por lo tanto, de ninguna manera extraño, que la gente no advierta que ellos mismos y sus semejantes “no piensan verdaderamente”, sino que “algo piensa por ellos”, y que esto, que constituye el motor de sus ideas, se convierte también en el timón y brújula de su existencia. Ya sabemos que “esto que piensa” es el computador central de la especie, del cual se libera el individuo cuando consigue desprogramarse.

Volviendo a las eternas paradojas, consideremos la enorme contradicción que representa el hecho de que la preparación profesional del sujeto lo limite intelectualmente en vez e ampliar el ámbito de su inteligencia; sólo extiende su programa cultural, técnico o profesional.

No existe el sujeto lo suficientemente preparado para sustraerse, en la Universidad, a la sugestión que resulta del prestigio y la autoridad de los maestros, avalados por la imponente imagen de la Universidad. Es así como el alumno acepta ciegamente todo lo que se le enseña, e imita las pautas de conducta de los instructores de mayor prestigio.

Algo absolutamente diferente ocurre en cambio con los autodidactas, quienes están por lo general, en un nivel intelectual puro superior al de los egresados de la Universidad, ya que su programación es más débil. Desde el punto de vista hermético, siempre debiéramos preferir el conocimiento autodidacta al saber conseguido por la imposición de los maestros, por lo menos mientras no se modifiquen los actuales sistemas educacionales.

Refiriéndonos nuevamente a la desprogramación, debemos señalar que existe una etapa que puede recorrer el discípulo por su cuenta, y otra más avanzada y rápida, que solamente puede ponerse en práctica con la ayuda de un maestro o instructor. La parte del discípulo se refiere básicamente a la reeducación motriz, procurando darle conciencia a los movimientos.

Esto se practica en períodos de diez minutos, repitiéndolo cuantas veces al día se desee. Es preciso moverse lentamente, pensando y sintiendo cada uno de los movimientos que se están haciendo. Al hablar de moverse lentamente debemos entenderlo como “un poco más lento que lo habitual”.

Esto significa practicar una deliberación motriz. Esto tiene como consecuencia inmediata elevar el nivel consciente, y situar al estudiante en el “momento presente”. Es preciso reflexionar en el hecho de que no existe nada que procure una sensación más fuerte de existir que el hecho de moverse dentro de un espacio. Hay que caminar conscientemente, mover las manos y brazos, la cabeza, el tronco, los ojos, pensando, y sintiendo.

Junto con este ejercicio hay que meditar todos los días en la diferencia que existe entre Yo y “Fulano de tal”. Es decir, el señor XX debe pensar que él no es XX, y mirar a XX sólo como un títere o vehículo del Yo. Hay que observar cómo XX tiene sentimientos, ideas, impulsos, temores, que en realidad “no son míos”, sino que de hecho, son absolutamente ajenos a yo mismo. Esta práctica se debe perfeccionar hasta que existan dos seres absolutamente separados, con límites perfectamente determinados, hasta que el practicante pueda decir con entera propiedad: Yo no soy XX, y estar absolutamente convencido de esto.

Otra disciplina que puede practicar el estudiante, consiste en controlar los cinco sentidos hasta ver o anular la visión a voluntad, oír o no oír, y así sucesivamente, poniendo a los sentidos bajo el control de la voluntad. Este ejercicio es de una extraordinaria importancia, pero no hablaremos sobre sus beneficios, ya que es nuestra intención que conozca el secreto sólo quien practique asiduamente.

En lo que se relaciona con la parte que se debe realizar con la ayuda de un maestro, solamente diremos que este instructor puede anular progresivamente los circuitos del discípulo para que éste trascienda lo mecánico, pero que es una tarea muy larga y delicada, la cual solamente debe conocer quien llegue a dicha experiencia.

Es mediante la culminación de esta etapa, que se produce la “muerte iniciática”, que es la disolución de “la personalidad” (en sentido hermético, es sinónimo de programa) y mediante la cual el discípulo deja realmente de existir, psicológicamente hablando, para subsistir durante el tiempo que demora su renacimiento, con circuitos básicos muy elementales, los cuales no obstaculizan así su evolución.

Después de su renacimiento se le llamará el “dos veces nacido”, y de esta manera podemos entender el simbolismo esotérico del nacimiento de Jesús, ya que se dice que su madre era virgen. En propiedad, podemos decir, que el renacido “no es hijo de mujer”.

Una vez que se ha producido el renacimiento hermético, el individuo empieza a vivir una existencia absolutamente nueva, como es la del sujeto que se ha desprogramado y liberado del computador central de la especie. Por primera vez posee una genuina autodeterminación y autonomía; su pensamiento le pertenece a él mismo; su inteligencia se ha elevado a un nivel superior, y se ha liberado de la influencia onírico-cósmica.

Asimismo, se ha limpiado su alma, volviendo a ser tan inocente y puro como un niño. Éste, y no otro, es el verdadero cielo, el cual se encuentra dentro del individuo. Dios, quien se supone que debe estar en el cielo, y a cuyo regazo se piensa que llegará el creyente que lo merezca, es, en verdad, el yo superior o chispa divina, ante cuya luminosidad el sujeto se siente intimidado a la vez que transportado a una condición de suprema paz y amor. Los ángeles en su coro luminoso elevan loas en honor de quien murió en el mundo de la bestia para renacer en el mundo de los hombres. Se ha terminado un ciclo para comenzar otro: la ascensión de hombre a semiDios.

Tres objetivos supremos

Hemos señalado tres objetivos supremos: evolución, convertirse en hombre estelar, y trascender el Maya.

Evolución, como ya lo sabemos, significa el crecimiento de nuestra esencia espiritual, liberándolo de la tiranía de la bestia. Nuestro espíritu debe crecer en “cantidad” y “calidad”. Representaremos esquemáticamente, de la forma más simple, un proceso evolutivo cumplido en un tiempo X.

En el número 1, la esencia espiritual está representada por el pequeño punto oscuro al centro, y el círculo

 

Queremos señalar aquí, una profunda diferencia entre el camino occidental del hermetismo y las metas perseguidas por el Yoga, donde se pretende que el individuo “se funda en el Nirvana”, es decir, se reintegre al huevo cósmico. En rigor, podríamos llamar al Yoga, el camino del huevo, y al hermetismo, el camino del espermatozoide. El yogui, por medio de un esfuerzo enorme, llega a la disolución de su individualidad esencial, la cual se ha demorado tanto en formar.

Es así come no reencarna nunca más, y se une al huevo cósmico, esperando una nueva oleada de vida. Cabe preguntarse ¿qué pasa cuando esa nueva oleada de vida llega, después de eternidades de tiempo? Nada es eterno y el liberado de la reencarnación despierta de su sueño eterno, y se ve obligado a reencarnar, y todo comienza nuevamente.

El camino hermético, es, por el contrario, la evolución consciente de la individualidad espiritual. Se trata, en el fondo, de hacer crecer indefinidamente la esencia espiritual del sujeto, para que éste, conservando siempre la conciencia de su propia identidad, evolucione hasta que el cuerpo humano, tal como lo conocemos, no le resulte suficiente para dar cabida a su enorme poder espiritual, momento en el cual prosigue su evolución en cuerpos celestes, tales como el planeta tierra u otros.

Resulta completamente imposible concebir la vida de uno de estos seres, y el imaginar cómo piensan, hablan, sienten, y se mueven. De todos modos, resulta útil observar que una esfera celeste posee un cuerpo básicamente igual al de los dibujos uno y dos, correspondiendo la esencia al núcleo, y el resto, al cuerpo físico. De igual modo, podemos conjeturar la importante diferencia que puede existir, por ejemplo, entre el sol y un planeta del sistema.

Volvamos, a continuación, con lo que significa convertirse en hombre estelar.

Para tener claro qué es un hombre estelar, debemos decir que es un sujeto que fue un sapiens en un pasado cercano o remoto. Por medio de su propio esfuerzo, logró provocar en sí mismo una mutación genética y funcional-psicológica, lo cual estableció la base para su tránsito al otro extremo del espectro evolutivo, uno de cuyos polos está representado en el homo sapiens y el otro, en el hombre estelar, nombre dado a hermetistas que han llegado a un alto nivel de conciencia.

Un hombre estelar no es necesariamente un maestro hermético de sabiduría, ya que aquélla es una difícil especialización; sólo es un hombre que habiendo trascendido su condición de “terráqueo” está apto para continuar el estudio de los grandes arcanos del Universo y elegir su destino futuro.

Hay muchos “maestros” que han realizado grandes cosas, y que poseen muchos conocimientos, pero que no son hombres estelares. Por el contrario, cuando un hombre estelar llegue a la maestría hermética, será siempre un “maestro de maestros”.

Con respecto a la especialización que puede seguir el hermetista en lo avanzado de su camino, mencionaremos solamente dos de las más importantes, siguiendo el argumento de “Zanoni”. Nos referirnos, precisamente, al camino de Zanoni y al camino de Mejnour. El camino de Zanoni es el de la alta política; el de aquellos líderes que marchan a la cabeza de la historia de la humanidad; mejor dicho, son los creadores de la historia y conductores de la civilización.

El camino de Mejnour es el del maestro de sabiduría, que es el más conocido. Sin embargo, debemos decir que estos individuos son los más escasos, y que hay poquísimos en el mundo, ya que lo extremadamente difícil de su tarea hace que muy pocos tengan la fortaleza espiritual necesaria para elegir esta senda. Aunque la gente crédula vea maestros por todas partes, éstos son muy raros y están más ocultos de lo que se piensa. Los que se muestran, lo hacen sólo persiguiendo el objetivo iniciático.

Algunos de estos maestros, no todos ciertamente, llegan a trascender el Maya, o principio ilusorio universal. Esto significa que viven por sobre “la apariencia disfrazada de realidad”, y que los acontecimientos más significativos para la raza humana, no pasan de ser, para ellos, “el flujo y reflujo del Maya”, mera ilusión que se forma sólo para destruirse y re-formarse infinita y repetidamente, tal como la marea que fluctúa incesantemente, repitiéndose siempre el mismo ciclo, con un cambio apenas infinitesimal. Con la calma suprema de la realidad absoluta, contemplan imperturbables el “circo” de la vida humana, tal como lo hacía Mejnour en la novela de Bulwer Lytton.

Cabe aquí meditar en la controversia producida entre dos “mitológicos” maestros, Cagliostro, y el conde de Saint Germain. Cagliostro, como todos lo saben, fue uno de los impulsores de la revolución francesa, y el célebre episodio del collar de María Antonieta fue directamente provocado por Cagliostro a través de Madame de La Motte, para desencadenar el proceso revolucionario.

El conde de Saint Germain, por el contrario, era partidario de mantener la realeza, y creía que la revolución sobraba. No es esto lo que nos interesa, sino la postura filosófica de cada uno: Cagliostro sostenía que la revolución provocaría un extraordinario avance evolutivo en el mundo; Saint Germain afirmaba que no existía ninguna prisa en la evolución de la muchedumbre humana, y que daba lo mismo que avanzara lenta o rápidamente, ya que la evolución siempre transcurre en círculos, es decir, se cierra un ciclo para comenzar otro.

Para comprender lo que significa trascender el Maya, debemos recordar lo que hemos dicho al tratar el principio del mentalismo:

“El Universo es mental; la única realidad esencial es mente; el Universo es una creación mental y vivimos en la mente de Dios”...

“El todo es infinito, eterno, inmutable e incognoscible; todo aquello que es finito, mudable y transformable, no puede ser el todo, y como nada existe fuera de él, todo lo finito debe ser nada realmente”.

Trascender el Maya significa entonces ser plena y totalmente consciente de lo ilusorio de todo lo finito, mudable, y transformable y haber logrado proyectar la conciencia hacia lo infinito, inmutable y eterno, es decir, Dios.

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« Respuesta #16 en: Febrero 11, 2009, 05:49:59 »

LA VIDA Y LOS PODERES DEL HOMBRE ESTELAR
Si se nos presentara la oportunidad de conocer y alternar con un hombre estelar, probablemente no seriamos capaces de advertir en él ninguna diferencia apreciable con respecto al resto de la humanidad. Nada es más risible que la semblanza física que algunos “místicos” pretenden hacer de los grandes iniciados, donde se representa a los maestros legendarios, como Jesús, Kut Humi, Moria, Serapis u otros, como poseedores de una belleza física extraordinaria, como si fueran verdaderos ángeles encarnados.

Esto demuestra, precisamente, la idealización que la gente hace de estos hombres, cuya apariencia física no difiere, en verdad, de aquélla del hombre común que podemos ver en cualquier sitio. Lo único que los denuncia a los ojos de quienes saben ver, es el aura de fuerza y poder que los rodea, sus ojos brillantes, su rostro iluminado y la vibración armónica que proyectan. Transcribiremos la interesante descripción que se ha hecho de los Rosacruces, citada por Henri Durville en su libro “Historia de la Ciencia Secreta”.

Los Rosacruces constituyeron en su época la más importante Orden Hermética, semillero de hombres estelares. Sin embargo, los verdaderos rosacruces no se muestran tan fácilmente, y la mayor parte de las veces, quienes dicen serio y pretenden demostrarlo por medio de toques o palabras de pase, no son sino vulgares imitadores que usurparon el sagrado nombre. Hay rosacruces y “rosacruces”, y el iniciado o estudiante sólo podrá reconocer a los auténticos por signos internos, y no externos.

Después de esta disgresión, conozcamos el comentario sobre los rosacruces transcrito por Durville:

“Su existencia aunque históricamente incierta, está rodeada de tal prestigio que lleva a la fuerza al asentimiento y conquista la admiración. Hablan de la humanidad como infinitamente por debajo de ellos; su orgullo es grande aunque su exterior sea modesto. Aman la pobreza y declaran que para ellos, constituye una obligación, aunque puedan disponer de inmensas riquezas.

Se apartan de los afectos humanos y no se someten a ellos más que como a obligaciones de conveniencia que impone su permanencia en el mundo. Se portan muy cortésmente con las mujeres, aunque son incapaces de un cariño y las consideran como seres inferiores. Son sencillos y diferentes en el exterior pero la confianza en sí mismos que llena su corazón, no deja de radiar más que delante del infinito de los cielos. Son la gente más sincera del mundo pero el granito es blando en comparación con su impenetrabilidad.

Cerca de los adeptos, los monarcas son pobres; a su lado los más sabios son estúpidos; no dan jamás un paso hacia la fama que deprecian, y si llegan a célebres, es a su pesar; no buscan los honores, ya que ninguna gloria humana les es conveniente.

Su gran deseo es pasearse incógnitamente a través del mundo; por esto son negativos delante de la humanidad y positivos ante cualquier cosa; auto-arrastrados, auto-iluminados en sí mismos en todo, pero dispuestos a hacer el bien en la medida de sus fuerzas. ¿Qué medida puede aplicarse a esta inmensa exaltación? Los conceptos críticos se desvanecen delante de ella. El estado de estas filosofías ocultistas es lo sublime o lo absurdo. No pudiendo comprender su alma ni su objeto, el mundo declara que uno y otro son fútiles”.

Esta semblanza dista mucho de ser atractiva o agradable, pero expresa la visión que el sapiens tiene del hombre estelar. Por nuestra parte, diremos que el Iniciado Hermetista, puede alcanzar los siguientes privilegios a lo largo de su camino iniciático:

Liberarse de los complejos y pasiones inferiores.

Liberarse del Computador Central de la especie y ser un hombre realmente despierto.

Claridad mental absoluta y equilibrio emocional.

Conocimiento de las fuerzas ocultas de la naturaleza (lo natural no conocido).

Ingreso a la élite de los verdaderos sabios. El verdadero sabio es el sabio de la mente y no del intelecto.

Sobreponerse a las eventualidades de la vida.

Conocerse y encontrarse a sí mismo.

Apoderarse del secreto de la felicidad y del amor.

Desprogramación emocional, instintiva y cerebral.

Liberarse del inconsciente colectivo o alma animal.

Unirse a la divinidad interna.

Conocer las verdades trascendentales y la verdad única, convirtiéndose en un sabio de la mente.

Liberarse del dolor y sufrimiento estéril.

Reencarnar conscientemente por medio de un “avatar”.

Conocer las causas ocultas de todo lo que existe.

Tener el poder de las vibraciones y secreto de las transmutaciones.

Alcanzar la calidad de hombre o mujer estelar, por medio de una mutación genética y psicológica.

Liberarse del Maya.

Estos poderes ponen al hermetista en un nivel muy superior al del hombre común y corriente, por lo cual, resulta una tarea muy ardua llegar a conocer verdaderamente a un maestro hermetista, ya que aun cuando seamos sus más íntimos amigos y él nos comunique sus más secretos pensamientos y sentimientos, no nos será posible, desde nuestra posición interpretarlos o evaluarlos adecuadamente, y probablemente lleguemos a conclusiones absolutamente opuestas a la verdad.

Es menester considerar la condición netamente espiritual del hombre estelar, y que todas sus facultades superiores son de índole espiritual, a la inversa de los cultores o practicantes de la magia astral, quienes no necesitan haber despertado ni menos haberse desprogramado para ejecutar sus “hechizos”. Sin embargo, es preciso advertir que el gran porcentaje de quienes se dedican a “la magia”, caen de lleno en la “magia negra”, la cual podemos definir, en una de sus acepciones, como “el uso y proyección de la energía masa del cuerpo, sin haberse desprogramado con anterioridad”.

Es decir, todos aquellos aprendices de hechiceros son, por lo general, hombres dormidos y programados, los cuales, dentro de su condición onírica han tenido la oportunidad, por X motivo, de tener acceso a la teoría hermética, y la emplean, usualmente, para satisfacer sus pasiones inferiores o vivir la agradable ficción de pasar por seres “muy evolucionados” y poderosos. A veces, detrás de estos personajes existe la sinceridad del que engañándose a sí mismo vive en la fantástica alucinación de un mundo subjetivo creado a su propio gusto.

“Magia negra” no es, comúnmente, aquélla que mata y destruye, sino más bien, la que provoca el caos y la anarquía porque sus cultores son utilizados por la bestia, de la cual no se han liberado, para sus propios y oscuros designios.

Es fácil comprender que “lo mágico”, y “lo espiritual” son dos cosas absolutamente diferentes, y que jamás se llega a lo espiritual por la vía de “lo mágico”. A la inversa, no existe ningún sujeto que en verdad sea espiritual, que no tenga acceso a “lo mágico”.

Magia sin espiritualidad es siempre magia negra.

Para comprender esto debemos recordar que espiritualidad no es de ninguna manera “adoptar” una actitud espiritual de pureza, mansedumbre y amor, sino que significa, como ya lo hemos dicho, conseguir que el espíritu se manifieste a través del propio cerebro.

Por este motivo, debemos, obligatoriamente, considerar a la Parasicología como un conjunto de fenómenos de proyección de energía, los cuales no tienen absolutamente nada que ver con lo espiritual. No se necesita ser espiritual para convertirse en médium o tener premoniciones; por el contrario, estos fenómenos ocurren en la esfera astral inferior, relacionada con lo animal y pasional del ser humano.

Volviendo a los poderes espirituales del hermetista, debemos decir que sus atributos superiores no le permiten escaparse o eludir la realidad material, sino muy al contrario, debe respetar las leyes del todo, ya que nadie puede ir contra las leyes.

Desde el momento en que vive en un cuerpo material, debe alimentarse, dormir, descansar y divertirse como cualquier otra persona; tiene que sufrir los mismos problemas de cualquier organismo biológico en un medio ambiente hostil. Los seudo libros de ocultismo han dado una falsa imagen de esto, ya que pintan al iniciado como un ser fabuloso que no necesita comer ni dormir, y que pasa la mayor parte del tiempo desdoblado en el plano astral.

Se confunde la perfección espiritual con la material, olvidando que la perfección en la materia no existe, por estar ésta sometida a constantes transformaciones. Sin embargo, el iniciado hermetista posee el secreto de las transmutaciones, y puede, en ciertas circunstancias crear o transformar situaciones vitales con el fin de aliviar problemas que lo aquejen, o ayudar a otras personas que estén en posición difícil.

El hombre estelar es el poseedor de la verdad.

Mucha gente se irrita al pensar que alguien pueda atribuirse la posesión de la verdad absoluta, estimando esto como un acto de egocentrismo y profunda arrogancia. Sin embargo, imaginemos por un momento que alguien pudiera, efectivamente, tener acceso a la verdad absoluta. Ese hombre, ¿debiera callar para siempre y ocultar su conocimiento? ¿O bien, tendría el deber de ayudar a quienes desearan llegar también al conocimiento de la verdad?

Afirmamos fehacientemente que el hombre estelar es poseedor de la verdad absoluta, y que nadie puede llegar a lo absoluto sin convertirse primero en hombre estelar.

Por lo tanto, nadie sino los hombres estelares tienen la verdad absoluta, y esto ocurre no porque alguien en particular, humano o divino, se las haya revelado, sino porque la especial conformación cerebral e intelectual a la cual han llegado merced a su mutación genética y psicológica, les permite conocer la realidad desnuda, lo cual no es factible en las condiciones oníricas que vive el sapiens.

Es menester comprender que el sapiens no posee el órgano de la verdad, sino más bien, el órgano de la ilusión o mentira. Algunos grandes maestros afirman que cuando el hombre vivía en el paraíso, conocía la verdad, aun cuando no podía aprovechar este conocimiento ya que no evolucionaba. Cuando Dios castigó al hombre con la expulsión del edén, le injertó el órgano de la ilusión, a fin de que pudiera llegar a la verdad sólo mediante el esfuerzo titánico de su voluntad e inteligencia, y no por gracia divina. Esto significa entonces que el hombre puede llegar a conocer la verdad y además evolucionar, por poseer un cuerpo físico sujeto a las transformaciones.

Ahora bien, el hecho de que un hombre estelar tenga la verdad absoluta no quiere decir ni remotamente que lo sepa todo, sino que al revés, es consciente de todo lo que ignora, pero tiene la ciencia fundamental, con la cual es posible llegar a tener el conocimiento de todo que se quiera si se dispone para ello de un tiempo prudente.

Tener la verdad absoluta significa haber llegado por sobre el esquema universal, a la unión con el todo, quien crea y sostiene la ilusión universal. Lo absoluto es lo que no cambia jamás lo que permanece siempre idéntico en su naturaleza intrínseca. Precisamente, las verdades herméticas no cambian en sí mismas, solamente es necesario saber aplicarlas de distinta manera a situaciones siempre cambiantes.

Existen tres tipos de verdad:

Verdad cósmica absoluta: (conocimiento de los misterios de la naturaleza) (el conocimiento de los 7 principios herméticos)

Verdad absoluta particular: (la verdad absoluta en relación a un problema o situación específica)

Verdad relativa: (verdad para el mundo ilusorio y mentira para la verdad absoluta)

Es desde, el punto de vista de la verdad relativa que se ha enunciado el conocido aforismo que dice que “nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”.

El hombre estelar es feliz. Su felicidad no se basa, sin embargo, en los hechos materiales, aún cuando usa de todo lo que la naturaleza le ofrece. Su felicidad se basa en la perfección, hermosura, armonía y estabilidad de su mundo interno. El mundo está lleno de gente infeliz, ya que buscan satisfacer su “hambre interna” y no saben cómo hacerlo.

Cada individuo necesita un particular alimento para su espíritu, que es el único que lo va a saciar verdaderamente, pero generalmente su ignorancia lo lleva a buscar una de estas sendas:

Los que satisfacen constantemente a su bestia sin alimentar el espíritu.

Los ascetas que renuncian a los placeres materiales, por convicción interna o por la compulsión de sus complejos. Se entregan a la búsqueda espiritual pero no consiguen la felicidad anhelada.

Losque tratando de mantener un equilibrio entre los dos puntos anteriores, no hacen sino esclavizarse a la ley del péndulo que los lleva alternativamente de una cosa a otra.

El hombre estelar llega a un perfecto equilibrio interno, y establece por partes iguales la satisfacción de su hambre espiritual y bestial, es decir, alimenta a su bestia y a su espíritu, manteniendo así una perfecta estabilidad. Por supuesto que su bestia no es aquella pervertida de la cual hemos hablado en otros capítulos, sino una bestia pura y natural.

El hombre estelar es humilde. Conoce perfectamente la enorme magnitud de lo que ignora, y al compararse él mismo con aquella inmensidad, se siente sobrecogido por su propia pequeñez.

El hombre estelar ama a toda criatura viviente. Su conciencia está en todo y todo está en él. Este sentimiento de unidad total lo hace profundamente conocedor de la naturaleza humana, y al conocer los motivos profundos de los hombres, encuentra difícil culparlos por sus errores. Nadie es capaz de dar más amor que el, porque amar es dar, y el hombre estelar es como un sol ardiente. Tal como el astro rey, él elabora energía en su interior por medio de la transformación de la materia. (Como es arriba es abajo.)

El hombre estelar es justo e imparcial. La posesión del “juicio interno” lo capacita para pensar siempre de manera impersonal, es decir, para juzgar sin que intervengan sus simpatías ni antipatías personales, ni menos su conveniencia individual. Un verdadero sabio es siempre justo.

El hombre estelar carece de pasiones. Todas sus manifestaciones instintivas, emocionales e intelectuales, son activas, es decir, autogeneradas de modo genuino. Recibe y disfruta los estímulos, pero éstos no lo obligan a sentir determinadas cosas ni consiguen esclavizarle; él goza de lo que quiere disfrutar.

El hombre estelar es superior a la muerte. Si su cuerpo físico muere, no ocurre lo mismo con su individualidad espiritual, la cual sobrevive a esta destrucción y toma posesión de otro cuerpo físico, ya sea volviendo a los claustros maternos o bien “haciéndose cargo” de un cuerpo ya crecido. Esto le permite reencarnar conscientemente, constituyéndose en un avatar.

El hombre estelar se renueva a sí mismo constantemente. Modifica cada cierto tiempo sus pautas de conducta, hasta el extremo de que sería posible, para un observador cualquiera, afirmar que no las tiene. Conoce el misterio del Ave Fénix que renace de entre sus propias cenizas, y cuando llega el momento, se da muerte a sí mismo, produciéndose después un renacimiento luminoso. Este proceso misterioso ocurre varias veces en la vida del hombre estelar, en el mismo cuerpo físico.

El hombre estelar es absolutamente indiferente a la opinión ajena. No le importa, de ningún modo, la imagen que él mismo pueda irradiar. Aún más, piensa que bajó ciertas condiciones es preferible dar una “mala imagen”, ya que así no hay posibilidades de idealización y se cuenta con amigos más sinceros. Es amistoso, pero sólo con quienes poseen contenido interno; no tolera a los superficiales, a no ser que tengan cualidades especiales en estado latente.

El hombre estelar está más allá del bien y del mal, y por lo tanto, su opinión sobre los hechos del mundo y de la gente difiere considerablemente de lo común. A veces es muy duro con el que ha cometido una falta que para nosotros puede no tener ninguna importancia, y en otras oportunidades, trata con benevolencia a quienes estimamos que merecen el peor de los castigos. Nadie conoce cuáles son sus razones, pero tengamos por seguro que su actitud no obedece jamás a un mero capricho.

El hombre estelar vive causalmente. Por tener contacto con el plano superior de las causas, él mismo es quien pone en movimiento las causas que desea que posteriormente se manifiesten en su propia vida, u otras, como efectos concretos. El vulgo debe limitarse a esperar que todo “les suceda” es decir, que aquello que llaman casualidad los favorezca de la manera que ellos esperan. Cuando esto no ocurre, deben resignarse a vivir los efectos de causas que ignoran por completo.

El hombre estelar es verdaderamente humano. Sus poderes espirituales no lo hacen apartarse de la vida, y generalmente cumple sus deberes ciudadanos y se gana la vida como una persona cualquiera. Si contrae matrimonio, procura siempre elevar a su compañera a su mismo nivel, pero si no lo logra, sabe vivir con paz, armonía y amor.

El hombre estelar no profesa ninguna ideología política; solamente es un humanista que desea que todos los seres humanos alcancen su evolución espiritual. Observemos la diferencia que existe entre revolución y evolución. La primera indica un giro que se repite cíclicamente, o sea, que todo cambia, pero que posteriormente, con el paso del tiempo, todo vuelve a ser como en un principio.

Evolución, en cambio, indica una espiral ascendente, donde se lleva a cabo una transformación profunda y no superficial. Está en contra de todo lo que combate la libertad del individuo, pero al mismo tiempo, condena el libertinaje. Considera qué para ser libre, es el propio individuo quien tiene que merecerlo y conseguirlo y no esperarlo como una gracia de la sociedad o de Dios.

El hombre estelar puede enfermarse y morir como cualquier persona, ya que su cuerpo físico está sujeto también a la ley de las transformaciones materiales. Sin embargo, puede, en la mayoría de los casos, si es que así lo desea, transmutar la enfermedad en salud, de manera progresiva y gradual.

El peligro más grande para él, reside en las causas negativas tomadas de otras personas a quienes ha prestado su ayuda en un momento dado, es decir, al karma que ha absorbido, ya que esto provoca realmente “una enfermedad de origen mental”, la cual resulta dificilísima de curar. Recordemos que Jesús no pudo salvarse a si mismo a pesar de ser el salvador de la humanidad.

El hombre estelar no es un ermitaño que permanezca aparte de los vaivenes de la vida; lejos de ser insensible, vive de un modo mucho más intenso que el común de la gente. Sin embargo, puede, si así lo dispone, ser más duro que una roca o un diamante, o por el contrario, amar con todo su ser. Emocionalmente hablando posee una sensibilidad exquisita, ya que su conciencia abarca una gama de vibraciones infinitamente más amplia que la del hombre común. Es como si poseyera un piano con un inmenso teclado, en el cual existieran miles de notas diferentes, a diferencia de la escala común.

El hombre estelar es introvertido, pero no por egoísmo, sino por la riqueza extraordinaria de su mundo interno. Su conciencia es tan rica, que le resulta doloroso apartarse de ese real cielo para actuar en este mundo material. Esto es particularmente doloroso para el maestro de sabiduría hermética, o sea, quien ha asumido la responsabilidad de transmitir el conocimiento, ya que todo auténtico Maestro es, en cierta forma, un crucificado, símbolo de JesuCristo.

Un axioma hermético rosacruz dice que “hay que descrucificar a Cristo (el yo superior) para crucificar al corazón” (lo emocional egoísta). Nadie sabe el sacrificio que puede significar para un individuo que llegó al cielo, el descender nuevamente al oscuro mundo de barro. Sin embargo, esto obedece a la verdadera sabiduría del principio de polaridad, ya que si el sujeto estuviera permanentemente en el cielo, terminaría por degenerarse al no tener obstáculo para su virtud. Es por eso que el hombre estelar vive en el cielo pero con los pies en la tierra. Como ya lo hemos dicho en otra parte de esta obra, es un “habitante de dos mundos”; vive simultáneamente en el cielo y en la tierra; es humano y divino.

El hombre estelar conoce los secretos del magnetismo universal, lo que le permite vitalizarse a sí mismo y proyectar su conciencia a su alrededor.

Todo hermetista de alto grado posee una tremenda irradiación magnética que circunda su cuerpo a la manera de una esfera energética, que es la prolongación de su fuerza mental. Este esferoide de energía magnética abarca un espacio que está en relación al desarrollo espiritual del iniciado. Se dice que JesuCristo poseía una esfera magnética tan poderosa que abarcaba todo el planeta tierra, esto provocaba una enorme influencia en la raza humana.

A través de este arcano es posible entender por qué “Dios está en todas partes”, ya que su irradiación llena todo el Universo.

El hombre estelar practica el secreto del “círculo evolutivo”. Ya nos hemos referido al “círculo del burro”, es decir, al largo camino que recorre a veces “la bestia humana”, para quedar siempre en el mismo lugar. Este circuito no le aporta ningún provecho ni evolución.

A la inversa, “el círculo evolutivo” consiste en el sabio manejo del principio de la polaridad, donde el iniciado oscila entre la tierra y el cielo, polarizándose y despolarizándose alternativamente. De este modo, conserva un equilibrio perfecto y mantiene la sabiduría de quien no alcanzó a acostumbrarse a la luz ni a la oscuridad. Sus largos viajes lo conducen siempre al punto de partida, pero habiendo evolucionado considerablemente.

Para poner un ejemplo de esto, citaremos el proceso tan bellamente relatado por Herman Hesse en “Sidharta”, donde el protagonista debe, luchar incansablemente durante mucho tiempo para poder separarse de la muchedumbre humana y poseer su propia individualidad.

Sin embargo, después de alcanzarla, debe pasar toda clase de padecimientos y experiencias diversas, para alcanzar al final, la unión con todo. Pero qué diferencia, qué abismo infinito separa al Sidharta del comienzo con el sabio del final; la evolución se ha cumplido. Si tuviéramos que transmitir esto en un aforismo simple, diríamos que el mayor deseo de quien ha caído, es elevarse al cielo, y el más fuerte impulso de quien llegó al cielo, es, naturalmente, descender a la tierra. Nuevamente debemos meditar en “La rebelión de los ángeles” de Anatole France.

El hombre estelar posee su propia moral. La moral celeste es diferente de la moral del hombre terrestre. La celeste es absoluta e invariable dentro de la flexibilidad del juicio interno, mientras que la terrestre se acomoda a las costumbres de las culturas dominantes. Si un día dominara una cultura de antropófagos, la antropofagia sería considerada perfectamente moral y correcta; aun más, tal vez se castigaría a quienes no la practicaran.

Cuando decimos que la moral del hombre estelar es invariable, no queremos significar que sea rígida, sino que a pesar de transformarse constantemente permanece intacta en su naturaleza esencial. El hermetista considera, en cambio, inmorales, muchas actitudes del sapiens que nadie condena moralmente.

La irresponsabilidad, el abuso del poder, el chantaje emocional, la abulia, la hipocresía, el conformismo ciego, la autocompasión, el condicionamiento cerebral por medio de la publicidad, la glorificación y aplauso del automatismo de la inteligencia, son, por citar sólo unas pocas, actitudes y costumbres inmorales del sapiens. La ética del hermetista es infinitamente más elevada y sólida que las acomodaticias reglas de conducta del vulgo.

El poder del hombre estelar, no emana de su “tercer ojo”, ni de “chakras” o “Kundalini”. Tampoco posee cualidades parasicológicas. Como ya lo hemos manifestado el hermetista sostiene que las cualidades parasicológicas representan solamente el “desplazamiento y proyección de la energía de la masa”, por lo cual, mientras más bestial sea el sujeto, mayores posibilidades de éxito tendrá.

Es por esta razón que las cualidades parasicológicas “funcionan mejor” cuando el sujeto está experimentando fuertes estados pasionales de tipo instintivo o emocional, los cuales intensifican o multiplican la irradiación de la energía de la masa. No existe ningún mérito espiritual en esto, sólo es una “hechicería inconsciente”. El poder del hermetista emana de su fuerza espiritual, de su pureza, del dominio de sus pasiones, de la sublimación de su energía animal, y de la rectitud de sus intenciones.

El hombre estelar puede tener grandes problemas materiales en su vida terrenal, ya que su enorme diferencia de nivel con la gente hace que ésta lo mire, instintivamente, con desconfianza y temor, al percibir un poder extraño que no sabe como catalogar.

Persecuciones y fracasos económicos pueden convertirse en graves obstáculos para el hermetista, cuyo “reino no es de este mundo”, y cuyas habilidades no son las de destacar en esta tierra donde el éxito social y económico corresponde a quienes poseen para ello una especial conformación psicológica. No obstante, a pesar de que el hermetista puede fracasar en algo, jamás lo agobiará dicha experiencia, y si se empeña lo suficiente, terminará siempre por vencer.

El hombre estelar hace el bien, pero “mira muy bien a quien”. Presta su ayuda en la medida de sus fuerzas, pero solamente a quienes, según su estimación, lo merecen efectivamente. Considera que ayudar al que carece de mérito es en verdad hacerle un mal. Si el apoyo que brinda es malgastado o no aprovechado, vuelve a darlo dos o tres veces, pero no más.

El hombre estelar puede ser una persona muy difícil de tratar, o bien, la más agradable del mundo. Acostumbrados a vivir en un mundo de mentiras, hipocresías, engaños y falsedades, es un shock para algunos individuos el alternar con el hombre estelar, ya que éste es absolutamente genuino, natural y auténtico, sin pliegues ni escondrijos de ninguna clase.

Su sinceridad puede resultar insoportable para el sujeto que se escuda tras las incontables máscaras de la personalidad. Se ha tratado de explicar la simplicidad natural de las actuaciones del hombre estelar diciendo que “cuando come, come; si piensa, piensa; cuando habla, habla; y si descansa, descansa”.

No es un ser perfecto ni aspira llegar a serlo; como ya lo hemos expresado, se trata de alcanzar solamente una “relativa perfección”, ya que la perfección absoluta no existe.

Sin embargo, al realizarse en su mutación de hombre estelar, ha terminado su ascensión al Olimpo, y es un habitante más del monte sagrado; SemiDios que no desea todavía la divinidad absoluta. No obstante, jamás terminará de estudiar los misterios del Universo, los cuales no podrá conocer nunca de manera completa.

Tal vez se piense que ésta es una senda demasiado individualista, en una época en que el mundo se vuelca cada vez de manera más acelerada hacia una estructuración colectiva. A quienes opinen de este modo, debemos hacerles notar que si una persona no adquiere primero su individualidad, no es, en realidad, sino un apéndice de la muchedumbre; nada más que uno de los elementos formativos de un circuito que a la vez es parte de la gran maquinaria.

Comprendemos que existan individuos que por haber fracasado en lo personal, pretendan fundir su indeseable yo con el colectivo de las muchedumbres, pero también tiene que existir la oportunidad de emanciparse y desarrollar un yo superior hasta llevarlo a la plena realización y madurez.

Es preciso, para entender esto, diferenciar al sujeto cuyo simple egoísmo lo lleva a un individualismo ciego y pernicioso para la sociedad de aquél que habiendo conseguido ser individual, tiene muy claros sus deberes para con la humanidad. Sólo quien llegó a ser libre puede tener una verdadera conciencia colectiva, pero conservando su plena libertad y autonomía, sin ceder su cerebro a ningún conquistador. ¡Qué diferencia existe entre estar integrado a la humanidad por incapacidad de ser libre, a unirse a ella después de haber alcanzado la libertad!

Resulta interesante considerar que el sapiens teme a la libertad, ya que ésta involucra, precisamente, lo único que no puede tener un animal que vive en rebaño: individualidad inteligente. Por el mismo motivo, procura agruparse en movimientos que no le exijan pensar o tomar decisiones. A la inversa, el camino hermético obliga al sujeto a tomar en sus manos la responsabilidad de su propia vida, en vez de transferirla a los grupos sociales.

Desde un punto de vista filosófico, podemos afirmar que “nada puede hacer por el mundo y la gente, quien no alcanza primero su propia existencia individual”. Quien “no es”, nada tiene para dar. Por el contrario, cuando el hermetista ha llegado a su plena estatura individual, está en condiciones de ayudar a la humanidad de la única manera verdaderamente eficaz: enseñándole a vivir sabiamente.

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« Respuesta #17 en: Febrero 11, 2009, 05:50:54 »

VISIÓN GENERAL
Podemos ver a través del estudio del hermetismo, como el sapiens pierde lo mejor de su vida al no poder obtener para sí mismo, valores realmente perdurables. La felicidad que busca, se le escapa de las manos, y queda sólo el goce pasajero del instante de placer. La comprensión de este fenómeno, convierte, por lo general, al individuo, en un cínico materialista, cuya principal creencia es que “hay que pasarlo bien mientras se pueda, porque después de esta vida no hay otra”.

Esta es en verdad, la meta más perseguida por la gente: “pasarlo bien”. Sin embargo, poco a poco, al ganar en años y experiencia, el sujeto se da cuenta que no ha logrado de ninguna manera la felicidad, ya que si “lo ha pasado bien”, estos momentos han sido sucedidos por otros de dolor, sufrimiento, y vacío interior. Por lo general, la gente piensa que le falta algo específico en su vida para ser feliz, y que al conseguir esto, lograrán su dicha.

Cuando consiguen la realización de su deseo y continúan tan infelices como antes, se vuelven cada día más materialistas e insensibles, o bien, se entregan a un irreal misticismo religioso o filosófico.

Nada es más temible que hacer un balance de qué es lo que se ha sacado de la vida, fuera de subsistir, sufrir o gozar, o qué es lo que uno ha hecho por los demás. El ingenuo, puede fácilmente llenar su columna del haber con sus títulos profesionales, sus posesiones materiales, su dinero, su familia o los conocimientos que ha logrado obtener.

Sin embargo, la fría realidad es que el individuo no es dueño de nada, a no ser que tenga la seguridad de que lo que posee, perdurará. Solamente puede, en las condiciones ordinarias, hacer un listado de las cosas que la vida le ha entregado en administración, y aun en ese caso, ignora el plazo de expiración de dicho mandato.

En realidad, el sujeto obtiene de la vida, para sí mismo, Sólo aquello que puede conservar indefinidamente, más allá de la muerte. Esto (el obtener algo para sí) significa darle un sentido individual a la vida; representa adueñarse de algo íntimo y personal, lo cual constituye, en buenas cuentas, el fruto de la Vida.

Cada cual debe preguntarse,

¿Qué fruto he obtenido de la vida?

¿O es suficiente conformarse con vivir?

¿Lo que yo creo haber obtenido, lo tengo realmente?

¿O puede deshacerse mañana mismo como una pompa dé jabón?

Muchos pensarán que este modo de reflexionar es muy egoísta, pero debemos pensar que es tanto o más necio el no lograr nada para sí mismo, como el excesivo egoísmo. Darlo todo a cambio del aire que se respira, y por los alimentos y comodidades que se precisan para mantener el cuerpo con vida, puede ser muy romántico y poético, pero tremendamente inconveniente, ya que representa la esclavitud eterna.

Al decir eterna, usamos esta palabra en el sentido del tiempo cósmico, que al compararlo con el terrestre, es realmente interminable. Esto lo podemos comprobar en los sueños, ya que en ese instante el individuo tiene entrada al tiempo cósmico, y es por eso que en treinta segundos terrestres puede soñar el argumento de una vida entera, desde el nacimiento a la muerte. Este mismo concepto puede aplicarse al “tormento eterno del infierno”.

Muchas personas se burlan del hermetismo, ocultismo y todo lo esotérico, pero generalmente, ninguna de ellas ha tenido una experiencia directa en la materia, y solamente hablan de oídas o por prejuicios. Algunos se sienten orgullosos de su intelecto, y se apoyan en su razón para descalificar lo hermético.

Es de esperar que quienes lo hacen así, estén absoluta y completamente seguros que razonan efectivamente, y que no caen en alguna de estas clasificaciones del pensamiento crítico:

Los que creyendo estar despiertos, sueñan.

Los que imitan ciegamente, depositando una fe implícita en otras personas, sistemas o instituciones, para liberarse del trabajo de pensar por sí mismos.

Aquéllos cuyas pasiones ocupan el lugar de la razón. Se trazan de antemano una línea, y no atienden a ninguna razón ajena ni propia que no esté dentro de esta línea, o que halague su estado de ánimo, vanidad o interés.

Aquéllos que adoran sus propias ideas como imágenes sagradas. Nuestras ideas nos pertenecen desde tiempos inmemoriales e ignoramos cómo se insinuaron sutilmente en nuestro cerebro. No permiten jamás que alguien las profane o discuta. No hay que olvidar, que por lo general, la mayor parte del razonamiento del individuo consiste en encontrar argumentos para continuar creyendo lo que ya cree.

Otros, negarán ciegamente su posible dependencia de un “computador central”, aduciendo que “ellos hacen lo que quieren” (no se dan cuenta que quieren lo que el computador central los hace querer). Basta analizar a fondo las motivaciones individuales, para comprender que todo se hace bajo una presión interna o externa. Idea, sentimiento, impulso o acción, son siempre compulsivas; jamás nacen de un supremo acto de superior y libre raciocinio.

Una razón general para sostener una idea de la propia libertad, es el argumento de mostrar una larga lista de todas las cosas que se han realizado en la vida. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿las hicimos verdaderamente, por propio deseo o nos obligaron a hacerlas a pesar de nosotros mismos? ¿Deseamos tal cosa o nos obligaron a desearla?

Existen algunas reflexiones muy simples, que debieran llevar, a cualquier sujeto que medite en ellas, a la conclusión de que la escala de valores del sapiens está tremendamente distorsionada.

Veamos algunas:

La ciencia no hace la verdadera felicidad del ser humano; sólo le brinda comodidad, placer y técnica.

La inteligencia no desarrolla ni forma “contenido” en la persona.

La naturaleza interna del ser humano no evoluciona apreciablemente durante el curso de la historia.

El hombre ignora la mayor parte de lo relacionado con su naturaleza interna.

La especie humana no tiene con quién compararse, salvo con los animales, por lo que carece de puntos de referencia en relación a su propio valer o a su verdadera posición en la escala cósmica.

Cada persona debe sacar sus propias deducciones de estos pensamientos.

Es preciso considerar que el hermetismo no se dedica puramente a mostrar “cuán mal” está el sapiens, o lo “poca cosa” que es sino que tiene un plan bien definido para la raza humana.

El hecho de señalar la verdadera posición del sapiens como “un animalito de poca importancia” ante la grandeza universal, y cuyo único valor reside en la posesión de la chispa divina, tiene un objetivo creador y no destructivo. Tratamos de que la persona, a través de la reflexión, perciba la celda sin barrotes en la que se encuentra, ya que éste es el único modo que nazca en ella el deseo de escapar.

Mientras un sujeto crea que “todo está bien”, y que él mismo “está muy bien” no habrá ninguna posibilidad de que evolucione realmente. Ésta es la causa por la cual muchos místicos sintieron nacer repentinamente su inquietud espiritual por lo general después de haber atravesado experiencias tremendamente dolorosas que obraron en ellos como un shock positivo, despertándolos de su letargo sonambúlico.

El objeto del sufrimiento es hacer que despierte la conciencia del individuo. No obstante, hay muchos tan fuertemente dormidos, que el sufrimiento sólo los embrutece aún más, resultando absolutamente improductivo.

Existen muchas personas que tienen una actitud puramente devocional hacia el hermetismo, pensando que basta “ser muy espiritual” para progresar en el camino, y que estos sujetos “espirituales” (según su propio concepto) serían los más preparados para ascender a niveles superiores. Piensan que el avance se logra por una especie de “contacto” con el cielo o con los “poderes ocultos”, o que basta sacrificarse sirviendo a la humanidad para conseguirlo todo.

En verdad, la gran “desventaja” del hermetismo reside en el hecho de que es el camino de la inteligencia pura, y si el estudiante no desarrolla su inteligencia y conciencia a los niveles requeridos, no hay evolución posible. Otra valla enorme para la gente consiste en que es preciso trabajar mucho, ya que lo hermético es el camino de la “autosalvación” y nadie quiere salvarse a sí mismo, seguramente por flojera y desidia.

Prefieren ser “salvados por Cristo”, aunque esto se verifique sólo en sus cerebros alucinados; ser salvados por la “magia”, o por los tripulantes de “platillos voladores”. Uno de los motivos por los cuáles la gente no toma la decisión de salvarse, es porque no sabe de qué es lo que hay que salvarse, pensando que todo en la tierra es como efectivamente parece ser.

Los “ocultistas profesionales” o eternos estudiantes del esoterismo, tienen siempre la esperanza de encontrar algún día a quien les abra el “tercer ojo”, por ejemplo, creyendo que en eso reside todo el secreto mágico. Para ellos diremos que el “tercer ojo” sólo proporciona visión de las proyecciones energéticas del ser humano, sin brindar, ni remotamente, el menor adelanto o progreso espiritual. Además, señalaremos también el carácter puramente simbólico de la supuesta “operación” de apertura del “tercer ojo” con la cual Lobsang Rampa escondió el verdadero misterio de lo que los hindúes llaman Maya Virrupa, cuya traducción más aproximada sería “camino de ilusión”.

El fabuloso unicornio, animal mitológico con un cuerno en la frente, representa esto mismo que estamos hablando. La persona que desee operar con su “tercer ojo”, debe desarrollar este “cuerno” en medio de la frente.

También se ha hecho mucho caudal del desdoblamiento, creyendo que su dominio corresponde a un grado de evolución espiritual. Nada más lejos de esto; es muy simple desdoblarse con extracto de “cannabis indica”, sin mérito espiritual alguno.

El desdoblamiento no pasa de ser un ejercicio peligroso y en extremo fatigante. Debemos agregar que jamás se sabe si las “visiones” que el operador pueda contemplar desdoblado, o con su “tercer ojo”, corresponden a una verdad efectiva o son solamente mirajes del éter cósmico. El eterno aforismo “como es arriba es abajo” nos confirma este hecho; si podemos engañarnos con tanta frecuencia en el mundo físico, usando sentidos que dominamos plenamente, con mucha mayor razón es posible engañarse al usar facultades de uso tan difícil y restringido.

Lo verdaderamente importante del desdoblamiento es algo de lo que no se ha hablado mucho, y podemos llamarlo desdoblamiento hermético. Consiste en la facultad de ser consciente simultáneamente en dos planos: en lo físico y en lo espiritual, en el cielo y en la tierra. Es así como el hermetista se eleva por sobre sí mismo dividiéndose en dos personas, las cuales tienen simultáneamente “los ojos abiertos”.

Se dice que de este modo el hermetista consigue el poder de los poderes, el cual es, juntar la tierra con el cielo. De esta condición describiremos solamente un fenómeno muy curioso e incomprensible para el sujeto común, y que es el de percibir simultáneamente los dos extremos.

Se trata, si alguien puede, entender esto, que el individuo estará triste y alegre al mismo tiempo, de modo simultáneo. Placer y dolor, calma y agitación, atracción y repulsión, vida y muerte, son vivenciados al mismo tiempo. No se crea que esto produce un término medio indiferenciado, sino que por el contrarío, la comprensión y vivencia absoluta de cada uno de estos estados, sin las repercusiones negativas que los extremos bueno o malo puedan acarrear. Si mencionamos esto no es con la intención de que sea comprendido fácilmente, sino más bien “intuido”.

Los admiradores del Yoga conceden tremenda importancia a Kundalini y los Chakras, pensando que es el pilar fundamental de la realización espiritual. La verdad es que ningún provecho sacaría una persona de este comentado “despertar” (de Kundalini); a lo más, una intensa euforia creativa, que nada tiene que ver con el progreso espiritual.

Debemos comprender que la verdadera evolución no se improvisa de ninguna manera, y que nadie en el Universo puede lograrla sin un proceso lento, sostenido y esforzado, de autorealización.

Hay quienes buscan con tremendo empeño conseguir “poderes mágicos”, tales como la clarividencia, por ejemplo, sin detenerse a pensar si esto sería verdaderamente beneficioso para ellos o no. Al respecto, comentaremos que una de las cosas más fáciles de lograr es lo que comúnmente se llama “videncia”. Para ello daremos la receta, aún cuando esperamos honradamente que nadie la ponga en práctica.

Basta, para ser “vidente”, hacerse “espiritista”, y tratar de desarrollar facultades mediumnímicas, lo cual es simple por medio de la sugestión colectiva que se produce en las sesiones espíritas. Al convertirse en médium, el sujeto se vuelve vidente en forma rápida, ya que es poseído por, llamémoslos así, “espíritus controles” de carácter inferior.

Tradicionalmente, en ocultismo clásico se les llama “cascarones astrales”, para designar los principios más animales del sujeto que sobreviven por algún tiempo después de la muerte, y que necesitan energía magnética para alimentarse, la cual absorben de personas vivas, produciéndose un caso de vampirismo.

El médium es tomado por estos “cascarones astrales” y éstos proyectan en su imaginación todo aquello que ellos mismos ven al encontrarse en “el mundo de los muertos”. Sin embargo, cobran un tremendo precio por esta labor, ya que al absorber las energías del médium, lo dejan exhausto, terminando generalmente por enfermar de leucemia o de cualquier enfermedad extraña que la ciencia no puede controlar.

Hemos conocido el interesante caso de un ex médium que llegó a integrarse a un nuevo grupo de personas que no profesaban el credo espírita. A ellos les contó de sus espectaculares visiones, en las cuales veía seres de la prehistoria que se le aparecían y le hablaban. Al poco tiempo, cinco o seis personas del grupo estaban “viendo” cosas muy parecidas a éstas, por primera vez en sus vidas. He aquí un ejemplo de “contagio magnético”.

Muchos de quienes han alcanzado el poder de las grandes fortunas, se burlan de las cosas espirituales, pretendiendo que no hay nada que su dinero no compre, despreciando al filósofo por creer que trata de “venderle algo”. Protegidos por sus riquezas, sienten que han llegado al pináculo de sus ambiciones. Por desgracia, no comprenden que pasado cierto límite, no hay nada, ni siquiera placeres materiales que el dinero pueda darles, y que el esfuerzo por mantener sus posesiones, consume sus mejores energías.

Cuántos cresos modernos no pueden adquirir a ningún precio un nuevo estómago que les permita disfrutar nuevamente de los placeres gastronómicos, como tampoco pueden restablecer sus energías sexuales gastadas, para poseer a la mujer que desean. Resulta irónico que no puedan gozar de aquello que el más humilde de los trabajadores está en condiciones de tener.

Una de las cosas reconfortantes de la vida es el contemplar las excepciones a esta regla, como es el caso de quienes emplean sus fortunas en obras de verdadera significación social, por lo cual, seguramente recibirán el premio de los señores del destino en su futura encarnación. Es verdad que por el mérito de las buenas acciones, los pecados le son perdonados al individuo.

Es preciso aclarar que para el hermetista no existe el pecado según su habitual concepto, sino que existe la ley de causa y efecto, y los jueces ocultos que juzgan y castigan a la gente según la responsabilidad que tienen, agrupándolos en cuatro categorías:

Las masas humanas del bajo pueblo

La burguesía media

Los grandes científicos, destacados profesionales filósofos y dirigentes

Los iniciados

Estos jueces ocultos castigan al sujeto de acuerdo a la responsabilidad, considerando que la categoría uno tiene una responsabilidad casi nula, la dos, un poco más elevada, la tres tiene mucha responsabilidad y la cuatro, de los iniciados, es considerada absolutamente responsable, por lo tanto, en caso de desviarse del camino correcto, reciben el más fuerte castigo posible, ya que están actuando con los ojos bien abiertos.

Esta condena puede llegar a la eliminación física violenta del individuo o a su “degradación” en futuras reencarnaciones.

Resulta necesario señalar que la ciencia hermética, como todo lo que existe, puede ser usada para el bien o para el mal. En sí misma es neutra, porque está más allá del bien y del mal, pero algunas de sus reglas pueden llegar a ser conocidas y mal utilizadas. Es por esto, que siempre se ha hablado de “magia blanca” y “magia negra”, como ya lo hemos señalado en páginas anteriores, y que en otra de sus manifestaciones (ya hemos hablado de una) una es constructiva y otra destructiva.

Cuando se habla de “magos negros” se piensa en una leyenda al estilo de las “Mil y una noches”, pero la verdad es que existen “magos negros” en el peor sentido de este término, y en realidad son los más encarnizados enemigos de los hombres estelares, movilizando todo tipo de fuerzas y personas con el fin de atacarlos. En oposición a los estelares, podemos muy acertadamente denominarles “abismales”.

Muchos de ellos conocen los más extraños secretos para resistir a la muerte. Alejandra David Neel relata en uno de sus libros sobre el Tibet, el horrible caso de unos sacerdotes indescriptiblemente ancianos, que se mantenían con vida alimentándose de hombres vivos que debían agonizar lentamente en un sarcófago especial, sobre la podredumbre de otros que habían fallecido antes en el mismo sitio.

En realidad, debían podrirse en vida, pero, para que el hechizo fuera exitoso, debían hacerlo voluntariamente, convencidos por los sacerdotes del extraordinario, y decisivo mérito espiritual de un supremo enfrentamiento con la muerte.

El conde Drácula no es una simple fantasía. La tradición hermética sostiene que estos seres existen realmente, y que muchos de ellos logran vivir cientos de años, a condición de beber sangre humana fresca para extraer de allí la vitalidad necesaria para renovar su propio sistema. De hecho, muchas personas practican a otro nivel un vampirismo inconsciente y absorben las energías de otras. Es así como “el machismo” y el “matriarcado” son solamente formas de vampirismo emocional inconsciente.

Dentro del tema interesa considerar a ciertos negociantes que guiados por su instinto animal, vampirizan a sus competidores, a quienes van absorbiendo gradualmente hasta que terminan por arruinarlos o anularlos. El vampirismo es un tema tan amplio que esperamos tratarlo con más detalle en una obra futura.

El mundo ignora las tremendas batallas sostenidas entre las huestes estelares y abismales. Como la mayoría de las cosas verdaderamente importantes, permanecen escondidas bajo apariencias absolutamente diferentes.

Con respecto al futuro de la humanidad, sostenemos que su mejor esperanza de salvación reside en la posibilidad de establecer científicamente nuestra teoría del “nivel consciente” de las personas. Tal vez puedan producirse en un futuro próximo, importantes avances en el campo del descubrimiento y medición de ritmos cerebrales todavía no conocidos, entre los cuales el de suprema importancia es el ritmo de la conciencia superior que aparece en personas de un alto nivel consciente, producto del trabajo hermético en si mismas.

El día que este descubrimiento sea una realidad científica los seres humanos deberán indefectiblemente, agruparse por “niveles de conciencia”. Las clases sociales e intelectuales desaparecerán, para dar paso a los niveles conscientes.

Es probable que se llegue, de esta manera, a establecer una escala del uno al diez, en que el uno represente el más elevado estado de conciencia medido entre la gente, y el diez, el más bajo. Se comprende que los niveles elevados constituirán el grupo dirigente de la humanidad, y que podrán garantizar, con toda seguridad, un mundo libre de guerras, delincuencias y pobreza, con una igualdad de oportunidades para todos, ya que todo el mundo podrá ascender en la escala consciente y llegar algún día al nivel uno.

Sin embargo, para que este sistema fuera aceptado por la gente, tendría que tener muchísimo más peso y autoridad científica que lo justificara, que el que tiene actualmente el sistema de medición de la inteligencia humana; tendría que ser el resultado obvio de una comprobación científica absolutamente clara de la teoría del nivel consciente, y cuya base se divulgara en un lenguaje sencillo al alcance de todo el mundo.

Garantizamos que este descubrimiento será lo más grande que el hombre haya inventado desde que existe sobre la, tierra; el único descubrimiento capaz de garantizar en cierta medida el futuro y la felicidad de la raza humana.

No obstante, esto provocará al comienzo, tremendos problemas entre las personas “descalificadas”, ya que nos encontraremos con la sorpresa que la mayoría de los individuos que antes pasaban por seres superiores debido a su gran inteligencia, queden, al medir su nivel de conciencia, clasificados bajo el número 5. Hombres que antes fueron grandes dirigentes, pueden quedar relegados a las categorías más bajas, al comprobar, sin la menor duda, su absoluta carencia de un estado de vigilia superior y de la condición que nace del alto nivel consciente, y que podemos llamar “juicio interno”.

A la inversa, hombres muy simples, de escasa cultura, y de una inteligencia “elemental”, ocuparán, posiblemente, los primeros lugares. En última instancia, el examen cerebral al cual nos hemos referido para determinar el nivel de conciencia, solamente establecerá el grado de “ancianidad espiritual” del sujeto, traducido a conceptos de evolución, sabiduría, y perfección espiritual.

Es así como el mundo podría ser gobernado por un “Consejo de ancianos del espíritu”, verdaderos sabios poseedores de un elevado nivel de conciencia y de un clarísimo “juicio interno”.

Mucha gente cree, basándose en antiguas profecías, o en la interpretación de supuestos mensajes contenidos en las pirámides o en antiguos documentos, que el mundo debe terminarse alrededor del año dos mil, como consecuencia de una gran catástrofe, posiblemente de tipo estelar.

Prescindiendo de la veracidad o falsedad de aquellas profecías, consideramos al ser humano como el gran factor determinante de estos fenómenos. Así, como Sodoma y Gomorra fueron destruidas por la extrema perversión de sus habitantes, el planeta tierra es influido en sus relaciones interestelares por los estados mentales, emocionales, instintivos y psicológicos de la humanidad. La conducta y el carácter de la gente influye de manera muy importante en el clima, en la vida vegetal y animal y en los fenómenos telúricos.

Cualquiera catástrofe que estuviera prevista para el año dos mil, podría anularse con un vuelco decisivo o importante en el comportamiento y en la vida espiritual del ser humano.

En esto, como en cualquier circunstancia que se trata de prever el futuro, el hermetista se interesa más por determinar el porvenir que por tratar de predecirlo.

Esperamos, que en el futuro más próximo posible, sea una realidad la medición científica del “nivel de conciencia” del hombre y que se abra de esta manera un nueva aurora para la humanidad.



 

A LOS LECTORES
Ha pasado mucho tiempo desde la primera edición de mi libro “Los Brujos Hablan”. (Primera parte.) He recibido miles de cartas de diferentes países, en especial de habla hispana. Quiero pedir disculpas a todas aquellas personas a quienes no he podido responder. Espero que este nuevo libro disipe muchas de sus inquietudes.

Deseo también responder por anticipado lo que constituye el tema central de la mayoría de las consultas que se me hacen, esto es, la posibilidad de que el Instituto Filosófico Hermético, del cual soy instructor, envié lecciones por correspondencia para poder profundizar el estudio del hermetismo o iniciarse en él, bajo el estudio de una dirección responsable. Al respecto, es mi deber aclarar que no existe “la iniciación por correspondencia”.

Solamente se puede aspirar, en ese caso, a seguir “el camino fácil”, lo cual, por lo demás, es de gran importancia. Sin embargo, se abre la posibilidad de que el estudiante por correspondencia pase algún día a la etapa superior del “camino difícil”, mediante un contacto personal con la escuela y sus maestros.

Esto no significa, de ninguna manera, que un individuo no pueda, si es que es aceptado debidamente, ingresar directamente al “camino difícil”, o bien, trabajar de inmediato en forma personal en la escuela, con lo que obtendrá por cierto, un avance más rápido y decisivo.

En el nombre del Instituto Filosófico Hermético, invito a todos aquéllos cuya inquietud espiritual sea de una necesidad imperiosa, a trasladarse a Santiago de Chile para unirse a nuestra escuela. Sin embargo, para esto es necesario reunir algunas condiciones primordiales de tipo espiritual y material. Lo espiritual no puede asentarse sobre lo espiritual, sino que debe, obligadamente tener una base material.

Es preciso, antes que nada, efectuar un contacto por carta, haciendo la consulta pertinente a su posible ingreso personal a la escuela, dando toda clase de datos sobre sí mismo. El postulante debe ser mayor de edad y poseedor de una buena cultura general, no tener defectos físicos graves ni enfermedades incurables. Debe gozar de perfecta salud y equilibrio mental y poseer los medios necesarios para su adecuada subsistencia económica.

Debe estar dispuesto a renunciar a todo aquello que pueda constituirse en una barrera insalvable para su evolución espiritual y a abrazar el camino hermético como un apostolado para toda la vida. Resulta indispensable señalar que éste no es un camino para los desesperados de ninguna clase, salvo para aquéllos que padecen de la angustia de la incomprensión y de la sed del espíritu. El postulante no debe tener problemas con la sociedad y su relación con la vida debe ser buena. Quien mantiene una mala relación con el mundo no puede destinar su tiempo, o parte de él, a labores del espíritu.

Es mi deber advertir que una gran cantidad de postulantes son rechazados, por no reunir los requisitos necesarios, de manera que la simple solicitud de ingreso no indica, de ningún modo, una segura aceptación de nuestra parte.

Ruego dirigir toda correspondencia a Casilla 14.675, Santiago de Chile, “Instituto Filosófico Hermético”, indicando si se desea instrucción por correspondencia o personal.

Envío a todos los lectores mis mejores deseos de superación y evolución espiritual.

JOHN BAINES

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