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Crow

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Petra: la ciudad enterrada en el desierto
« on: Enero 23, 2009, 12:39:50 pm »
 Petra: la ciudad enterrada en el desierto




Las numerosas excavaciones que se están llevando a cabo en la actualidad han puesto de manifiesto que existe un grandioso y complicado entramado de canales, edificios civiles, tumbas, esculturas, cerámicas y documentos, que reflejan el esplendor que tuvo la ciudad antes de desaparecer hacia el siglo VII d. C. Esta ciudad inmortal, eterna e imperecedera ha sido motivo de loa en la literatura universal y todavía el cine rememora leyendas y mitos de arena que se alzan imponentes a pesar del desgarrador paso del tiempo.


OROSIO CHARCO Y MARÍA JOSÉ FRAILE
En el año 1985, la ciudad pasó a formar parte del patrimonio mundial de la UNESCO y en 1993 el país que guarda tan preciado tesoro, Jordania, delimitó una parte de la ciudad como parque nacional, con la sana intención de proteger sus ruinas del asalto de despiadados mercenarios y profanadores de arte. Las numerosas excavaciones que se están efectuando en la actualidad han puesto de manifiesto la existencia de un grandioso entramado de canales, edificios civiles, tumbas, esculturas, cerámicas y documentos que reflejan el esplendor que tuvo la ciudad antes de desaparecer hacia el siglo VII d.C.
    Petra es una ciudad enclavada en el desierto jordano que se ha resistido a desaparecer pese a todo. Desde el año 1991, la economía jordana conoce uno de sus mejores momentos gracias al tratado de paz firmado con el estado de Israel. Como consecuencia, el turismo se ha multiplicado hasta tal punto que actualmente preocupa la conservación del patrimonio oculto, guardado durante milenios en su histórica ciudad de Petra. Las ayudas económicas que se están recibiendo van destinadas, prácticamente en su totalidad, a la mejora de infraestructuras, destinadas al sector turístico de Wadi, la ciudad que se ha desarrollado en torno a la entrada de Petra.

Su historia
La historia de Petra se remonta hasta el siglo III a. C., cuando era capital de los nabateos. Esta milenaria ciudad logró mantener su importancia en la zona hasta bien entrado el siglo I d.C. De hecho, la ciudad formó parte del importante entramado de las rutas comerciales de las caravanas que transportaban incienso, metales preciosos, hierbas aromáticas y betún desde el Mar Mediterráneo, como dejó escrito el historiador griego Diodoro de Sicilia en el siglo I a. C.

    A pesar de los intentos que se vienen realizando, a través de las excavaciones arqueológicas, para desenmascarar la historia de este pueblo, todavía resulta imposible establecer un hilo conductor uniforme. Ya en las Sagradas Escrituras, en el segundo libro de los macabeos (5,8), se nos da a conocer un príncipe nabateo, llamado Aretas I, en cuya casa se refugió Jasón, sacerdote de Jerusalén, expulsado por Menelao. Dada su situación fronteriza con el estado judío, y, a pesar de que en el siglo II a. C. sus relaciones fueron amistosas, los nabateos tuvieron que enfrentarse en numerosas ocasiones con las ideas expansionistas de los soberanos de éste. En el año 93 a. C. los ejércitos judíos de Alejandro Janneo fueron vencidos por los de Obodas I. Éste, que continuaba su expansión hacia Damasco, triunfó sobre el rey Filheleno e introdujo en su reinado la cultura helénica, que iba a marcar fuertemente el arte nabateo y, sobre todo, la arquitectura de Petra. Durante las guerras civiles romanas, los nabateos tomaron partido por Marco Antonio, lo que les obligó a ceder las zonas de Batanea y Tranconitida a Augusto.

    A partir de entonces, y a pesar de la disminución de su extensión territorial, Petra, independiente, conoció su apogeo y se comenzaron a construirse los primeros y magnos monumentos, bajo el esplendor del reinado de Aretas IV (9 a. C. - 40 d. C.), que no fue continuado por su sucesor Malicos II. A partir del año 70 d.C. se puede decir que la ciudad comenzó su declive y la desviación del comercio árabe por la vía del Mar Rojo asestó el golpe final a la economía nabatea. En el año 106 d. C. fue conquistada por el legado sirio del emperador Trajano, convirtiéndola, desde entonces, en la capital de la provincia romana de Arabia Petraea.

    La ciudad de Petra no se pudo concebir sin haber dominado, por parte de sus habitantes, el agua de lluvia, el elemento más preciado del desierto que la rodea. Gracias a las recientes excavaciones, se ha logrado desenterrar el Siq, camino de acceso a Petra a modo de pasillo entre los riscos, y que la hacen invisible desde el exterior. Atravesándolo se llega a la ciudad, que deja oculto todo el sistema de abastecimiento de agua. Su red hidráulica está formada por decenas de presas que, en épocas anteriores, recibieron el frescor del agua, junto a numerosos diques, depósitos y otros tantos aljibes, abiertos en la roca compacta de tonos rosáceos. El sistema de conducción hidráulico queda asentado sobre una serie de canales muy pequeños que desplazan el agua hacia las zonas más bajas, desembocando en unos conductos de arenisca tallados con gran delicadeza.

    Gracias a todo este entramado, los nabateos llegaron a dominar esta zona durante siglos. La presencia de ciudadanos romanos en las provincias del imperio fue la causa de que se erigieran templos, termas, y viviendas, todo a imagen y semejanza de la arquitectura metropolitana. Fue Siria, en época romana, el país que más ofreció al servicio del estilo barroco romano. El tipo helenizante de la arquitectura nabatea, representada en Petra, se encuentra en toda la zona de influencia de este pueblo, desde Bosra, al norte, hasta Hegra (actualmente Mada´in Salih) en Arabia Central. Todas estas ciudades eran etapas de la ruta que unía la Arabia Meridional con Siria y Palestina. Los nabateos se limitaron, en un principio, a excavar grutas en la roca desmenuzable que domina el circo de más de 300 m para construir, junto a sus pueblos de tiendas, un hábitat permanente.

 

Arquitectura
Las viviendas en piedra se tallaron posteriormente, dejando, en un primer momento, una arquitectura tosca y poco trabajada, si se compara con las que aparecen a partir del siglo I d.C., durante el cual se tallaron varios templos en la roca, entre los que destaca el Qasr al Bint (Castillo de la hija del faraón), y que está dedicado, sin duda, a Du-l-Sara, principal dios de Petra.

    De época romana son los templos realizados, en Petra, durante los siglos II y III d. C., y por los que ha sido conocida y utilizada como escenario natural en numerosas películas. Los grandes sepulcros rupestres, decorados con fachadas de hasta 30 m de altura, son resaltados con elementos partidos barrocos que resaltan con violencia sus formas sobre la roca. No son fachadas construidas, sino que todas ellas han sido esculpidas directamente en la piedra, tal y como ya se hiciera en los templos egipcios de Abu Simbel y que, posteriormente, se realizara en los templos medievales de Lalíbela, en Etiopía. En todo el territorio de Petra sorprenden las obras realizadas por el hombre, que hacen geométrica parte del vasto paraje natural de grandes rocas, redondeadas por el paso del tiempo.

    Siguiendo el camino del Siq, en dirección noroeste, se encuentra la Tumba del Obelisco, el Tesoro (Al Khazneh) y el Teatro para dejar, al este, las tumbas del Palacio, Corintia, de la Seda y de la Urna, el templo de los Leones Alados, el Mausoleo de Sextius Florentinus y una iglesia bizantina del siglo V con ricos mosaicos; y al oeste, el altar de los sacrificios, el Qasr al Bint, el Museo y el castillo de los Cruzados.

    Más alejados del camino, que penetra en Petra, se encuentra el Monasterio (Al Dir) y el Triclinio del León. Todo este impresionante conjunto arquitectónico de Petra corre, actualmente, el peligro de deterioro, si las autoridades de Jordania no comienzan a establecer las reglas pertinentes para mejorar su conservación.

    El monasterio presenta una fachada formada por tres calles principales y dos pisos que se rompen por las grandes columnas de orden corintio romano, sobre fustes lisos. De éste destaca la parte superior de la calle central que se remata con una construcción redondeada, rompiendo el frontón que resultaría de la unión de las partes, de sección rectangular, que la flanquean.

El Tesoro (Al Khazneh)
Descubierto en el año 1812 por Johann Ludwig Burckhardt, sin duda, es el más conocido por los turistas. El templo queda oculto por las altas rocas que, a manera de pasillo, van a desembocar en una pequeña plaza. Dentro de ésta se aprecia su fachada de clara influencia romana, con sus columnas y frontones helenizantes que se complementan con una serie de relieves desgastados por el agua, la lluvia y el sol. A pesar de haber sufrido numerosos terremotos, el tesoro mantiene erguidas sus formas geométricas rompiendo las sinuosas líneas de la arenisca roja.

    Hace catorce siglos una serie de temblores ocasionaron graves daños a la antigua capital del reino de los nabateos. Hoy no son ni las fuerzas de la naturaleza ni el Imperio Romano quienes hacen temblar a Petra y a los enamorados de este sitio, inscrito en 1985 en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO por sus 800 monumentos tallados en arenisca color rosa. Son las legiones de turistas que lo visitan año tras año, cuyo número pasó de 100.000 a fines de los años ochenta a 400.000 seis años después, antes de disminuir levemente por el conflicto árabe-israelí.

 

Magia y leyenda en el desierto
Jordania es un estado joven y rico en historia. Encrucijada de caminos entre el mar y el desierto, entre Oriente y Occidente. Es un país de infinita belleza, cargado de historia. El valle fértil del Jordán, con sus magníficos corales del mar Rojo y sus no menos relajantes baños saludables hacen de estos valles lugares idílicos donde merece la pena llegar para descansar.

    Petra, o la ciudad rosada del desierto, es nuestro destino ideal. En la actualidad, se puede encontrar un tipo de vida moderno en las metrópolis además de una gran oferta cultural, con hoteles de primera categoría, restaurantes con todo tipo de comidas, galerías de arte, centros comerciales y, además, podemos departir con los nómadas y beduinos del desierto con la tranquilidad que produce encontrarse entre iguales.