Author Topic: La lluvia, eje del culto al volcán Popocatépetl  (Read 2387 times)

ArjunaV

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La lluvia, eje del culto al volcán Popocatépetl
« on: Diciembre 09, 2008, 02:54:22 pm »
De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original)   Enviado: 21/02/2005 1:59

La lluvia, eje del culto al volcán Popocatépetl

¤ Los llamados tiemperos son los encargados de llevar a Don Goyo las peticiones de la comunidad

¤ La luna indica cuándo es tiempo de sembrar; en este mundo, hombre y naturaleza son uno solo

María Rivera ¤ Los pueblos que viven en las faldas del Popocatépetl no tienen bien más preciado que el agua. De ella depende su supervivencia, puesto que la mayoría posee tierras de temporal. Desde tiempos inmemoriales han organizado su mundo en torno a la temporada de lluvias. La naturaleza es su guía.

El musgo en el interior de una cueva les indica que habrá abundante cosecha, la luna les señalará cuándo comenzar a sembrar, el volcán les dirá si hay indicios de vientos o granizos. En ese universo, Don Goyo es mucho más que el amenazante coloso que se yergue en su horizonte, es la fuente de la cual, si se la sabe invocar ritualmente, pueden emanar la lluvia, el maíz, y con ellos la vida.

popo-offrendaEn este mundo si no hay vientos favorables y agua no habrá frijol, así lo que está en juego es su alimento. Esta lógica puede ser difícil de comprender para los citadinos, pero no para los productores. Su razonamiento es simple: si no llueve, ¿qué vamos a comer durante el año?

El culto al Popo en la región del volcán ?que abarca comunidades de Puebla, estado de México y Morelos? es de origen tolteca, coinciden los antropólogos. Se han encontrado vestigios arqueológicos de ofrendas consistentes en vasos antropomorfos con el rostro de Tláloc. Aunque hay otras que tienen que ver con el culto a Quetzalcóatl. En la actualidad, se invoca a la divinidad católica, pero se sigue concibiendo a los volcanes como cuescomates, cerros de agua, dentro de los cuales está la fuente de las lluvias y de todos los elementos que pueden beneficiar al hombre.

En este rito coexisten lo cristiano con lo profano. Se hacen procesiones, sólo que no en los atrios de las iglesias, sino en las cimas de los cerros. Allá, en lo alto, las comunidades entran en un diálogo directo con el volcán, con los vientos, con las lluvias, aunque se invoque a San Juan, Santa Rosa de Lima, Santa Bárbara o San Gregorio.

Las días de guardar son el 12 de marzo, santo del volcán; el 2 y 3 de mayo, cuando se hace la petición de lluvias, primero en el Popo y luego en el Iztaccíhuatl; el 15 de junio, en que se realiza una peregrinación para regular las lluvias, y el 30 de agosto, cuando vuelven a ir pero esta vez para dar gracias, porque para entonces ya pueden calcular qué tan grande será la cosecha.

Un ''traje de licenciado''

Los mayordomos del señor de Sacromonte y del señor de Chalma, son los encargados de organizar todas estas celebraciones. Les corresponderá, por ejemplo, hacer la cooperación entre la comunidad para llevar las ofrendas, que por lo regular consisten en mole poblano, mole de camarón seco con papas y nopales, tortillas, café, pan, tequila, brandy, e incluso ropa, si el volcán así lo pide. En 1995, encargó un traje de guerrero azteca con capa, penacho, escudo y sandalias, pero en ocasiones los gustos de Don Goyo son más prosaicos, como la vez que pidió ''un traje de licenciado''.

No le es dado a cualquier mortal interpretar al volcán; para lograr comunicarse con él las comunidades necesitan un intermediario, alguien que a través de los sueños entienda las indicaciones rituales: lo que pide y lo que avisa. Que dote de orden al caos. Ese papel lo cumplen los tiemperos, también conocidos como graniceros. La tradición indica que estos personajes deberán ser señalados desde el cielo, mediante un rayo o un trueno. Los tiemperos son conscientes de que su trabajo es sagrado, que fueron elegidos para ejercer un oficio que beneficia a toda la comunidad, porque finalmente las peticiones de lluvias las hacen para todo el mundo, ''para el universo'', como ellos dicen. A cambio recibirán el reconocimiento de sus coterráneos, que los transformarán en su oráculo.

El principal instrumento de estos chamanes son sus sueños. Las revelaciones oníricas se pueden analizar de manera colectiva, como en las comunidades de Morelos, o de forma individual, como en Puebla. Pero de una u otra manera se buscarán los indicios de lluvias o granizadas, o si, Dios no lo quiera, alguien lanzó un maleficio contra los lugares sagrados. Así, poco a poco estos iniciados aprenderán las técnicas que les permitirán ahuyentar lo que pueda perjudicar las siembras, y entender las peticiones del volcán. Las predicciones les fallan casi con la misma frecuencia que a los meteorólogos occidentales, pero en general son acertados porque poseen un profundo conocimiento de su entorno. Pero si las predicciones del tiempero no se cumplen, será por algo. Algunos lo explican por infracciones rituales, o porque Dios está empeñado en dar una lección: algo en el proceder de la comunidad no ha sido adecuado. La rebelión de los hijos contra los padres o las divisiones entre los pueblos son algunos de los comportamientos castigados. Los indicios de descomposición del mundo campesino son vistos como un mal signo.

El antropólogo Julio Glockner, de la Universidad Autónoma de Puebla, quien se ha especializado en el estudio de este fenómeno, explica que todos estos lugares están en un intenso proceso de aculturación. ''La gente tiene muchos años saliendo a trabajar en las grandes ciudades en el servicio doméstico, como albañiles o comerciantes. Incluso, algunos han emigrado a Estados Unidos. Es un mundo en peligro que trata de protegerse''. Anteriormente, cada pueblo de la región tenía su tiempero. Pero conforme se ha introducido el riego esa costumbre ha caído en desuso. La confianza se ha desplazado de Dios a la técnica.

Uno de los pueblos que todavía conservan sus creencias es Santiago Xalitzintla, la comunidad más cercana al cráter por el lado de Puebla. Antonio Analco, de 53 años, es su tiempero. Su padre también fue chamán del lugar años atrás. Incluso, hoy todavía se le recuerda como un hombre sabio y acertado en sus predicciones. Desde pequeño, don Antonio empezó a tener sueños, pero se resistía a asumir su papel por temor de no ser tan bueno como su padre. Hasta que un día de junio, azul y sin nubes, tronó mientras movía una cruz. Era la señal esperada.

Al principio, se encontraba con el volcán en algún lugar de la montaña o del bosque, le encendía pedacitos de vela. De esta manera, manteniendo una relación ritual con él, los sueños empezaron a fluir.

En su primera ascensión al volcán, para llevar una ofrenda, le preguntó a su comunidad si ya habían terminado de pedir, porque ahí venía la lluvia, y efectivamente, cuando iban descendiendo comenzó a llover. Pero don Antonio no es alguien que lo espere todo del volcán, sabe que la mano del hombre también cuenta. Para él, las cosechas ''dependen de la labor, de cómo se trabaje la tierra, si no se trabaja como va pidiéndolo la mata, no crece nada y no se da nada''.

También explica que la luna les indica que ha llegado el tiempo de sembrar. '''Nosotros sabemos reconocer lo que ella dice, que antes de que se muera todos tienen que acabar de sembrar''. En este mundo, el hombre y la naturaleza son uno solo.

Para Glockner, mientras subsistan los cultivos en tierras de temporal, estos pueblos mantendrán sus creencias. ''El temporal siempre será un elemento fortuito. Aunque tenga cierta regularidad nunca se sabe con precisión cuándo llegarán las lluvias, ni con qué abundancia.

Durante el tiempo que permanezca esa duda, los tiemperos del coloso tendrán trabajo. Si de pronto la región de los volcanes se convirtiera en tierras de riego y de cultivos comerciales, entonces esta creencia perdería su fundamento, su piso. Eso no quiere decir que estos pensamientos mágico-religiosos no vuelvan a aparecer bajo otras formas, porque siempre afloran de una u otra forma''.

Para esta gente, la presencia de Don Goyo es indispensable. Los ha dotado de los elementos físicos y espirituales necesarios desde hace siglos. Cuando despiertan es lo primero que ven en su horizonte, y vayan donde vayan, siempre está con ellos. No saben vivir de otra manera.