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Author Topic: La fiesta de los muertos entre los mayas  (Read 13497 times)

ArjunaV

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La fiesta de los muertos entre los mayas
« on: Diciembre 09, 2008, 11:46:35 am »

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original)   Enviado: 16/09/2005 11:09
 

LA  FIESTA  DE  LOS  MUERTOS
Danzantes mayas Guatemala
Ricardo Mata

El culto a los muertos en el Mundo Maya es hoy una mezcla de ritos paganos y cristianos. Así, mientras en Guatemala se baila rumbo al cementerio (ARRIBA), en México los mayas de la península de Yucatán, Tabasco y Chiapas preparan comida, levantan altares y rezan por los difuntos.

Por Beatriz Martí

Noviembre es, para el Mundo Maya, el mes de los muertos. Se cree, se presiente, por memoria histórica y cultural, que en estas fechas se les permite abandonar el más allá y vagar unos cuantos días por el mundo. Buscan sus casas, a sus familias, sus tierras. Cuando las encuentran, se quedan a comer y a beber, comparten regalos, anécdotas y, una vez satisfechos, regresan a su eterna morada. Volverán el próximo año, los días 1 y 2 de noviembre, en un permanente ciclo que mantiene unidas la vida y la muerte.

    Este retorno perpetuo es una creencia firmemente arraigada entre las diversas comunidades del Mundo Maya. Son pueblos acostumbrados a mirar hacia el pasado y a tomarlo en cuenta, para los cuales morir es solamente abandonar este mundo y habitar en otro.

    Sin embargo, cada sitio tiene características distintivas cuando llega la fecha de comunicarse con sus muertos. Muchos lo hacen sufriendo y reviviendo el duelo, otros festejando y algunos, incluso, dedicándose a los juegos de azar. Todos tienen el mismo objetivo: dejar satisfechos a quienes vuelven del más allá, pues se cree que solamente así éstos lograrán el descanso de sus almas.

    Lo invitamos a conocer cómo festejan a sus muertos los mayas de cuatro regiones del Mundo Maya.

EN GUATEMALA

Las comunidades indígenas de Guatemala han incorporado a sus ritos y ceremonias ancestrales, costumbres que llegaron con los españoles tras la conquista y la colonización, hace cinco siglos.

.     Muestra de esa mezcla entre lo católico y lo pagano son las ceremonias del Día de Muertos. Se llevan a cabo en todo el país, y aunque tienen el objetivo común de veneración y recuerdo, en cada sitio adquieren matices propios.

Señoras mayas    Año tras año, a fines de octubre, los guatemaltecos instalan en sus hogares un altar. Es el altar de muertos, en cuyo centro colocan las fotografías de familiares fallecidos, y a su alrededor, a manera de ofrenda, ponen agua, flores, veladoras, diversos alimentos (por ejemplo, pan y frutas) y algunas bebidas como el aguardiente (hecha de caña de azúcar), o el atole (ésta no alcohólica, a base de maíz y agua).

.     El ritual continúa la madrugada del 1 de noviembre, cuando todos los vivos de la familia colocan flores en las ventanas y portales de la casa. Es la manera de comunicarle a las ánimas que son bienvenidas. Sigue entonces el rito de “vestir” las tumbas. Para ello, la familia se dirige al cementerio y esparce flores a lo largo y ancho de sencillos y pequeños promontorios, sitio donde reposan sus muertos. Dejan coronas de papel encerado en la cabecera de la tumba y después preparan la comida, que consumirán ahí mismo, como una forma más de compartir con los difuntos.

    La comida consiste en fiambre (especie de cocido español a base de carne o pescado, aceitunas, alcaparras) y canshul (combinado de hortalizas regionales) que la familia disfruta junto a la tumba.

    Algunos pueblos de Guatemala añaden otros elementos a la ceremonia. En Todos Santos Cuchumatán, población ubicada a unos 300 km de Guatemala, la capital, sus habitantes celebran el Día de Muertos con música de marimba y quema de cohetones dentro del camposanto. Ellos están seguros de que los muertos participan en el festejo, el cual sigue hasta bien entrada la noche.

    La fiesta común se vuelve individual cuando cada grupo de deudos se acerca a las tumbas de sus familiares para interpretar aquellas canciones que fueron preferidas por el difunto.

    Santiago Sacatepéquez es una población situada al este de la capital. Para celebrar el Día de Muertos sus habitantes fabrican barriletes, enormes cometas de papel de china y varillas de bambú que miden hasta seis metros de alto por tres de ancho. Los días 1 y 2 de noviembre cada familia lleva al campo su propio barrilete y lo hace ondear en el cielo. Es la forma de llamar a los muertos, quienes según el color del cometa identificarán a sus parientes y lograrán unirse a éstos gracias al hilo que sirve como conductor.

Barriletes     Cuando el ritual termina, los barriletes son quemados para que los muertos retornen tranquilos a la morada que ahora ocupan. Se cree que si los cometas no se queman, las almas ignorarían que ha llegado la hora de partir, y se quedarían en la tierra, provocando daños en sus deudos, cosechas y animales.

    Chintla es otro pueblo que celebra el Día de Muertos de manera peculiar. Cada 1 de noviembre se organizan carreras de caballos, que van del pueblo al panteón, en una especie de competencia entre los vivos y sus antepasados. Los jinetes aseguran sentir la presencia de los muertos cabalgando junto a ellos.

EN LA PENÍNSULA DE YUCATÁN

Los tres estados de la península de Yucatán, en México, forman parte del Mundo Maya. En los tres —Campeche, Quintana Roo y Yucatán— la conmemoración del Día de Muertos es similar. Ésta inicia el 31 de octubre, día en que se cree las almas de los difuntos llegan a visitar a sus familiares y a disfrutar de algunos días de fiesta. Se prepara entonces una ofrenda con la “comida de las almas” (hanal-pixan, en maya), variable según los gustos que hayan tenido quienes ahora regresan.

    La madrugada del 31 de octubre hacen su aparición las ánimas de los niños muertos. Para ellos es la ofrenda de atole nuevo y elotes sancochados (hervidos y asados sobre brasas). Mientras las almas infantiles deambulan y se alimentan, la familia reza rosarios y otras oraciones. Los rezos, que se realizan en absoluta paz, sirven para pedir por los fallecidos y por los que aún siguen con vida.

Altar Yucatán   Terminado el rezo las almas de los niños abandonan las casas y los familiares consumen el desayuno. Se les prepara entonces otra recepción para el mediodía, con una ofrenda que consiste en gallina guisada, dulce de calabaza, chocolate, galletas, pan, caldos y carne, verduras, atole y frutas.

   El 1 de noviembre llegan las almas de los adultos, guiadas por las luces de los cirios que han sido colocadas alrededor de sus casas: uno por cada muerto, y algunos extras por si algún nombre se hubiese olvidado. La ofrenda es mucho más elaborada: tamales de maíz, carne de ave y de puerco en salsa de chile y especias (mukbil pollo, en maya), atole y chocolates, frutas, panes y dulces. Para los muertos que no tienen familia se cuelgan de un árbol recipientes con porciones de la ofrenda.

   Una vez satisfechas las almas, los familiares y amigos proceden a alimentarse ellos mismos. Pero en la península de Yucatán las almas de los muertos se quedan ocho días, al cabo de los cuales hay que preparar una ceremonia de despedida los días 7 y 8 de noviembre, por lo que se hacen nuevas

EN CHIAPAS

Todas las ciudades y pueblos del estado mexicano de Chiapas festejan el Día de Muertos. La celebración, empero, adquiere significado especial en algunos sitios.

   Uno de ellos es Chiapa de Corzo, pequeña ciudad colonial a sólo 14 km de Tuxtla Gutiérrez, la capital. Ahí, los preparativos inician días antes, cuando hombres, mujeres y niños llegan al camposanto cargados de escobas, cubetas con agua, botes de pintura y brochas, para limpiar y remozar las tumbas. El 30 de octubre el panteón está lleno de rosas, margaritas, crisantemos, alcatraces y flores de nubilé.

   En las casas inician también los preparativos. Se instala un altar —en caso de que no exista permanentemente— con veladoras, santos y las fotos de los familiares muertos. La ofrenda es distribuida frente al altar.

   Para las llamadas “almas chicas”, se colocan dulces en forma de rosca y de varios animales denominados “almitas”; golosinas de diversos tipos, agua y pan. A las “almas grandes” se les ofrenda pan de muertos (un pan dulce de harina de trigo y manteca que sólo se prepara en esta temporada), chocolate, cigarrillos, dulce de calabaza, el platillo favorito del difunto y, si en vida fue aficionado a la bebida, una botella de mistela, popular licor a base de jocote, fruta de la región.

   Las almas de los niños llegan a este mundo el 1 de noviembre, día de Todos los Santos. Lo mejor es permanecer toda la jornada junto a las tumbas, para que los infantes muertos reconozcan a sus familiares y no se equivoquen de sepultura. Pero a ellos no hay que velarlos en la noche, porque las almas chicas se van a dormir temprano.

   Con las ánimas de los adultos pasa lo contrario. Por ello, entre la noche del 1 de noviembre y la madrugada del día 2, todo el pueblo de Chiapa de Corzo permanece despierto. Cuando se trata de recordar a algún personaje popular que ha fallecido, durante la noche de muertos se repite la misma ceremonia que se llevó a cabo el día de su velorio. Sus familiares rentan sillas y mesas que colocan en la calle, previamente cerrada al tráfico vehicular. Ahí, los hombres juegan naipes, dados, dominó y ajedrez, mientras platican recordando al difunto. Una vez que amanece, hombres y mujeres se van al panteón a despedir el alma de sus muertos, llevando un cirio encendido por cada familiar que hayan perdido.

   El 2 de noviembre hay fiesta en el camposanto de la ciudad. Algunas de las tumbas están adornadas con listones de colores, plantas tropicales y una silla, para que el alma del muerto pueda descansar durante su visita a este mundo. Al cementerio se llevan tríos, mariachis y marimbas, que interpretan las canciones favoritas de aquellos que, según la expresión popular, “nos llevaron la delantera”. A las 12 del día, una vez que los familiares han comido junto a las tumbas, se queman cohetes para anunciar que las almas han partido.

EN TABASCO

Nacajuca, en el estado mexicano de Tabasco, está habitado por indígenas chontales de origen maya. Sus creencias en el alma y en el más allá han sido sincretizadas con la religión católica, aunque conservan creencias propias como la existencia de idolitos y duendes, espíritus que pueden causar enfermedades y otras desgracias.

    La ceremonia para celebrar la “venida” de las almas de los muertos inicia el 1 de noviembre en la iglesia local, rezando el rosario dedicado a las ánimas. Esta ceremonia la dirigen un rezandero y su ayudante, quienes se ubican junto a una mesa que hace las veces de altar. Mientras dura el rezo, los asistentes colocan velas encendidas en el piso y queman incienso

Altar Tabasco    La ofrenda doméstica a los muertos es también costumbre entre los chontales. Frente al altar permanente que hay en cada casa, los varones de la familia hacen un tendido o cama de hojas de plátano, en la que depositan alimentos y algunos objetos. Siguiendo un orden preestablecido, colocan al centro algunas aves cocidas y tamales sin carne llamados manea, lo cual constituye el platillo principal de la ofrenda. A los lados ponen jícaras con chorote (bebida de masa de maíz y cacao), cada una con un agitador que lleva en su extremo una bolita de masa de maíz. Después acomodan el uliche (cocido de pavo sazonado con cominos y cilantro). Distribuyen entre los platos bolas de masa y muchas velas y a un lado de la ofrenda ponen el incensario.

    Una vez terminada la ofrenda dan inicio las oraciones, dirigidas por un rezandero y en las que participan únicamente los varones. A lo largo del rosario los niños salpican la ofrenda con agua bendita, se quema incienso y se revuelve el chorote con los agitadores.

    Cuando los rezos concluyen, el jefe de familia comparte sus alimentos y bebidas: primero con los rezanderos y después con todos los presentes. Ya que los presentes hayan probado del mismo plato, corta el pavo y sirve a cada uno de los comensales. Con lo que sobra prepara pequeños bultitos y los reparte entre parientes y amigos.

    Aunque hay comunidades chontales donde las mujeres tienen una participación más activa en las ceremonias del Día de Muertos, es casi una regla que permanezcan alejadas de la celebración e inclusive de los panteones, a donde se les prohibe asistir. Eso sí, cosa de vivos, son ellas quienes preparan los alimentos necesarios para la celebración.

    En algunas partes del Mundo Maya, el 30 de noviembre se lleva a cabo una última ceremonia comunal relacionada con la muerte. Dentro de los templos y mediante rezos y veladoras suele celebrarse la “ida de las ánimas” que, satisfechas con los ritos y las fiestas, se disponen a volver al más allá, a un descanso que durará hasta el siguiente mes de noviembre.
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