Author Topic: Chamanes y su entrenamiento  (Read 1636 times)

ArjunaV

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Chamanes y su entrenamiento
« on: Diciembre 09, 2008, 09:37:28 am »

Chamanes y su entrenamiento    
07-10-2004, 6:25 pm
Como fue dicho por Igjugarjuk

(Caribou Eskimo)

Cuando me iba a hacer chamán, elegí pasar por dos cosas que son las más peligrosas para nosotros los humanos, pasar hambre y pasar frío... Mi instructor fue el padre de mi esposa, Perqanaq. Cuando iba a ser presentado a Pinga y Hila [deidades], él me llevó a una celda no muy grande, pues sólo podía permanecer sentado; él me llevó a lo lejos, más allá del otro lado del Hikoligjuaq... Esto tuvo lugar en una noche de luna nueva, era invierno; uno sólo podía ver los primeros destellos de la luna que acababa de aparecer en el cielo. Nadie vendría por mi hasta que la próxima luna alcanzara el mismo tamaño. Perqanaq construyó una pequeña choza de nieve, no muy grande, sólo para que pudiera permanecer sentado y protegido. No me fue dado un cobertor de piel para protegerme contra el frío, sólo una pequeña pieza de piel caribou para sentarme en ella. Ahí permanecí en silencio. La puerta fue cerrada con un bloque, y no arrojó nieve suave sobre la choza para hacerla cálida. Cuando estuve ahí cinco días, Perqanaq vino a mi con agua tibia, cubierta en piel caribou, una bolsa de piel caribou impermeable. Y no fue sino hasta quince días después que volvió y me ofreció lo mismo, tomándose sólo el tiempo para entregármela, y después se fue de nuevo, porque ni aun el viejo chamán debía interrumpir mi soledad... Tan pronto como me quede sólo, Perqanaq se me unió a pensar en lo único por lo que todo el tiempo estuve ahí, para desear una sola cosa, y eso era llamar la atención de Pinga al echo de que yo permanecía en el deseo ser un chamán. Entonces Pinga me poseyó. Mi noviciado tuvo lugar en el más frío invierno, y yo no tuve nada para calentarme, y sin poder moverme, estaba congelado. Era muy agotador estar ahí sentado sin el valor de dejarme caer, algunas veces era como si yo muriera un poco. Sólo al final de los treinta días tuve el auxilio de un hermoso y amoroso espíritu que vino a mi auxilio, jamás había pensado en él, era una mujer blanca, ella vino a mi cuando me encontraba colapsado, exhausto, y dormitaba. Aun así la vi como si estuviera viva, cubriéndome, y desde ese día no puedo cerrar mis ojos o soñar sin verla. Hay algo importante sobre el espíritu que me auxilia, nunca la he visto cuando estoy despierto, sólo en sueños. Ella vino a mi desde Pinga y fue una señal de que Pinga me anunciaba y me daba los poderes que me harían un chamán.
Cuando la luna nueva estaba iluminada, y tenía el mismo tamaño de aquella que brilló para nosotros cuando dejamos la Villa, Perqanaq vino de nuevo con su pequeño trineo y... me llevó de regreso de la misma manera en la que me había llevado a Kingarjuit.
Por todo un año no pude acostarme con mi esposa, que de cualquier manera, tuvo que hacerme de comer. Por todo un año tuve mi propia vasija para cocinar y mi propio plato de carne; a ningún otro le estaba permitido comer de lo que había sido cocinado para mi.
Después, cuando pude volver a ser un poco como antes, entendí que me había convertido en el chamán de mi Villa, y eso hizo que mis vecinos o personas de lugares muy lejanos me llamaran para curar a una persona enferma, o para inspeccionar el camino, si es que ellos iban a viajar. Cuando esto ocurrió la gente de mi Villa fue reunida y les fue dicho lo que yo debía hacer. Entonces dejé la tienda o la casa de nieve y salí a la soledad; lejos de las huellas del hombre, pero aquellos que fueron dejados atrás debían cantar continuamente, para mantenerse felices y vivaces. Si alguna dificultad era encontrada, mi soledad se extendería tres días y dos noches, o tres noches y dos días. En todo ese tiempo tuve que vagar sin descanso, y sólo sentarme cuando cayera una tormenta o una ventisca. Cuando había estado mucho tiempo fuera y estaba cansado, pude por fin dormitar y soñar, y encontrar por lo que había salido fuera, en lo que había pensado todo este tiempo. Cada mañana, de cualquier modo, pude volver a casa y reportar que tan lejos había podido llegar, pero tan pronto como lo hablaba debía regresar de nuevo, fuera, a lo abierto, fuera, en los lugares en que pudiera estar solo. Cuando uno está fuera, buscando, uno suele comer muy poco, no mucho. Si un chamán estando fuera, en los secretos de la soledad, encuentra que una persona enferma morirá, puede volver a casa y permanecer ahí sin antes haber pasado fuera el tiempo usual. Sólo en el caso de una posible cura se debe permanecer fuera todo el tiempo.
Nosotros los chamanes, en lo interior, no tenemos un lenguaje espiritual especial y creemos que los angatkut reales no lo necesitan. En mis viajes, algunas veces, he estado presente en los orígenes del mar, donde el agua salada habita. Los angatkut nunca parecen confiar en mi. Siempre se me figuran como agua salada, los angatukut juntos son muy pesados, con trucos para atontar a la audiencia, así cuando ellos saltan sobre el suelo escupen una especie de absurdo lenguaje espiritual; para mi todo esto parece sólo una distracción, algo que pudiera impresionar al ignorante. Un chamán real no salta sobre el suelo y hace trucos, no busca con la ayuda de la oscuridad, al sacar fuera las lámparas, intranquilizar las mentes de sus vecinos. Yo no creo que sepa mucho, pero no pienso que la sabiduría o el conocimiento sobre las cosas que están ocultas puedan ser buscados de esa manera. La verdadera sabiduría sólo puede ser encontrada fuera de la gente, fuera, en la gran soledad, y no es encontrada en la diversión sino solo en el sufrimiento. Soledad y sufrimiento abren la mente humana, y después un chamán debe encontrar su sabiduría ahí.
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