Author Topic: Mi religion (Mahatma Gandhi)  (Read 1815 times)

ArjunaV

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Mi religion (Mahatma Gandhi)
« on: Noviembre 10, 2008, 06:30:39 pm »
De: The_dark_crow_v301  (Mensaje original)
 Enviado: 30/10/2005 0:30

M I R E L I G I Ó N

M A H A T M A G A N D H I

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M I R E L I G I Ó N

3

NOTA DEL EDITOR

Dado que la vida de Gandhiji consistió en nada

menos que tratar de poner en práctica su religión

utilizando para ello sus potencialidades al máximo,

en este volumen se ha procurado presentar al lector

extractos de los escritos y discursos de Gandhiji que

configuran un cuadro bastante completo de la religión

del Mahatma.

La tarea no ha sido fácil. El hecho mismo de

que la religión fue el móvil principal de las actividades

de Gandhiji significa que todo cuanto hizo y

dijo a lo largo de su carrera pública -no sólo en el

dominio de la religión propiamente dicha sino también

en las esferas de lo político, lo económico y la

vida social -se torna pertinente respecto de esta

obra. Según Gandhi, una religión que no se interese

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4

por todas las facetas de la vida no es en absoluto

una religión. Siendo las cosas así, toda exposición de

su cosmovisión religiosa resultaría incompleta si no

presentara el conjunto de su filosofía de la conducta,

tanto en la vida del individuo como en la vida

social.

En consecuencia, debíamos cubrir un campo

muy vasto. Al mismo tiempo, la obra no tenía que

ser muy extensa; de modo que tuvimos que hacer

una selección muy cuidadosa, procurando que en el

proceso de eliminación no quedara fuera nada de

importancia.

Gandhiji era hinduista por nacimiento. No

obstante su hinduismo era algo exclusivamente suyo.

Sus raíces se asían firmemente en el antiguo

hinduismo, pero creció y se desarrolló a la luz del

contacto con otras religiones, especialmente el cristianismo,

como -se verá en la Segunda Parte de esta

obra. Gandhi se esforzó por beber , en la fuente de

todas las religiones, por lo cual se sentía partícipe de

cada una de ellas. Sin embargo, si había que ponerle

un rótulo, el rótulo que prefería y que era el suyo -

no sólo por derecho de nacimiento sino también

intrínsecamente- era el de miembro del hinduismo,

la religión de sus antepasados.

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5

El absorber los conocimientos que le brindaban

las religiones con las que se ponía en contacto no

significaba de ninguna manera que Gandhiji fuera

injusto con el hinduismo o que se apartara de sus

enseñanzas esenciales. A lo largo de su extensa historia

el espíritu del hinduismo ha sido siempre el de

asimilar y sintetizar los elementos nuevos con los

que se encontraba. Por ello, al no estar atado a un

dogma o a un fundador, el hinduismo ha podido

aprender, crecer y desarrollarse libremente. Gandhiji

es una viva ilustración de ese juvenil espíritu del

hinduismo que se ha mantenido siempre fresco y

viviente, en desarrollo siempre. En realidad, se puede

decir sin temor a equivocarse que, en ese sentido,

el. hinduismo ha encontrado en Gandhiji su propia

alma.

En el pasado el hinduismo, junto con el budismo

-su descendiente- influyeron en todos los países

del mundo civilizado de entonces, desde la India

hasta China y Japón. Hoy en día el hinduismo, a

través de Gandhiji, está experimentando un nuevo

nacimiento: las naciones del mundo escuchan con

respeto el mensaje de paz y no-violencia de la India.

No cabe duda que si la religión de Gandhiji se esparciera

a lo largo y a lo ancho de nuestro país, la

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India aún podría ser un factor poderoso para apartar

al mundo del materialismo, la avaricia y las rivalidades

que amenazan con llevar a la humanidad a

su completa destrucción.

Sin embargo, el mensaje de Gandhiji no está dirigido

sólo a la India sino que es para el mundo entero.

Él mismo afirma que no busca únicamente

recuperar el espíritu del hinduismo sino que trata de

encontrar el espíritu de todas las religiones que, según

dice, es el amor a Dios expresándose en el

amor a los semejantes. Por ello, su instancia no es

que los demás practiquen el hinduismo sino que los

cristianos, budistas, musulmanes, etc., vivan de conformidad

con las enseñanzas de sus respectivas religiones.

Esperaba que de ese modo. los hombres

vivirían en paz con sus semejantes, colaborando

para lograr el bienestar del prójimo. En consecuencia,

tanto hinduístas como no hinduístas encontrarán

en el estudio ,de este libro un desafío a la par

que inspiración y guía para vivir una vida mejor.

Debido a las limitaciones de espacio daremos

sólo un bosquejo somero de los puntos de vista -de

Gandhiji sobre las cuestiones sociales. Quienes estén

interesados en conocer más detalles sobre ese

tema pueden consultar otros libros del Mahatma,

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tales como Sarvodaya, Towards Non-violent Socialism,

Women and Social Injustice, Removal of Intouchability,

For Pacifista e Hindu Dharma.

El ordenamiento del material de este libro nos

pertenece en su totalidad, como así también los títulos

de los capítulos y los artículos. Se ha añadido

un glosario de términos no españoles en beneficio

de los lectores que no están familiarizados con esas

palabras. Los escritos extraídos de Yung India y de

Harijan, los .semanarios de Gandhiji, llevan la fecha

de su publicación. Respecto de las citas de libros de

Gandhiji puede ser interesante saber que Hind Swaraj

fue escrito en 1908, From Yeravda Mandir en

1930 y que Unto This Last: a para-phrase fue publicado

por primera vez en forma de libro en gujarati,

en 1908, dándose a conocer la versión en inglés en

1951, en tanto que la Autobiografía se publicó en

1927 y 1929. Los Speeches and Writings of Mahatma

Gandhi fueron publicados por Natesan & Co.,

Madrás, en 1917 y reeditados por cuarta vez en

1933.

BHARATAN KUMARAPPA

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Re: Mi religion (Mahatma Gandhi)
« Reply #1 on: Noviembre 10, 2008, 06:31:21 pm »
De: The_dark_crow_v301 Enviado: 30/10/2005 0:31
PRIMERA PARTE

LO QUE ENTIENDO POR RELIGIÓN

1

DEFINICION DE LA RELIGIÓN

Por religión no tiendo la religión formal o consuetudinaria

sino la religión que es el basamento de todas

las religiones, la que nos lleva a mirar frente a

frente a nuestro Hacedor.

M. K. Gandhi, por Joseh J. Doke, 1900, p. 7

La religión debiera impregnar cada una de

nuestras acciones. En este contexto, religión no significa

sectarismo sino creer en un ordenado gobierno

moral del universo. Ese orden no es menos real

por ser invisible. Esta religión trasciende el hin-

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9

duismo, el islamismo, el cristianismo, etc. Sin embargo,

eso no quiere decir que los reemplace; por el

contrario, los armoniza y les da realidad.

Harijan, 10-2-40, p. 445

Permitidme explicar lo que entiendo por religión.

No se trata de la religión hinduista, a la que sin

duda estimo por sobre todas las otras religiones,

sino de la religión que trasciende al hinduismo: la

que transforma nuestra naturaleza, la que nos une

indisolublemente a la verdad cuya presencia y mediación

purifican. Es el elemento permanente de la

naturaleza humana, al que no resulta demasiado

oneroso llevar a su expresión completa. Ese elemento

mantendrá al alma enteramente desasosegada

hasta el momento en que se encuentre a sí misma,

conozca a su Hacedor y aprecie la, verdadera correspondencia

que existe entre sí misma y el Hacedor.

Young India, 12-5-'20, p. 2

Ningún hombre puede vivir sin religión. Hay algunos

que en el egotismo de su razón declaran que

no tienen nada que ver con la religión. Esto es como

si un hombre dijera que respira pero que no tie-

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10

ne nariz. Sea por la razón, por el instinto o por la

superstición, los hombres establecen alguna - suerte

de rela-ción con lo divino. Incluso el agnóstico o

ateo más acabado admite la necesidad de un principio

moral y asocia algo bueno al hecho de observarlo

y algo malo con su no-observancia. Bradlaugh,

cuyo ateismo es bien conocido, insistió siempre en

proclamar sus convicciones más profundas. Tuvo

que sufrir mucho por decir la verdad de ese modo,

pero se deleitaba en ello, afirmando que la verdad

lleva en sí su propia recompensa. Es evidente que

Bradlaugh no era completamente insensible a la16

alegría que se desprende de la observancia de la

verdad. Sin embarga, esa alegría no es enteramente

mundana sino que brota de la comunión con lo divino.

Tal es la razón de que yo haya sostenido que

aún el hombre que reniega de la religión no puede

vivir -y, de hecho, no vive- sin religión.

Young India, 23-1-‘30, p. 25

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11

2

EL LUGAR CENTRAL QUE OCUPA LA

MORALIDAD

Rechazo toda doctrina religiosa que no apele a

la razón y que esté en conflicto con la moralidad.

Tolero el sentimiento religioso no razonado siempre

que no sea inmoral.

Young India, 21-7-'20, p. 4

Tan pronto como perdemos la base moral, cesamos

de ser religiosos. No existe una cosa tal como

que la religión pase por alto la moralidad. El hombre,

por ejemplo, no puede ser falso, cruel e incontinente

y pretender que Dios está junto a él.

Young India, 24-11:21, p. 385

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12

La religión que no tiene en cuenta los asuntos

prácticos y no ayuda a resolverlos, no es religión.

Young India, 7-5-'25, p. 184

Todas las actividades del hombre religioso han

de derivarse de su religión, porque religión significa

estar unido a Dios, es decir, que Dios rija cada hálito

nuestro.

Narijan, 2-3-'34. P. 23

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13

SEGUNDA PARTE

LAS FUENTES DE MI RELIGION

3

EN EL HOGAR

Mi padre amaba a su grupo familiar, era honesto,

valiente y generoso, pero irascible.

Tenía muy pocos conocimientos religiosos pero

gozaba de esa cultura que adquieren muchos hindúes

mediante frecuentes visitas a los templos y audiciones

de arengas religiosas. En sus últimos

tiempos comenzó a leer el Gita a instancias de un

brahmán muy culto, amigo de la familia, y se acostumbró

a repetir diariamente algunos versos en voz

alta en el momento de profesar el culto.

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14

La impresión más descollante que mi madre me

ha dejado en la memoria es la de santidad. Era una

persona profundamente religiosa. Ni siquiera podía

imaginar el tomar sus comidas sin cumplir antes con

sus plegarias cotidianas. Uno de sus deberes diarios

era ir al Haveli, el templo vishnavaíta. Tan lejos como

alcanza mi memoria, no recuerdo que haya pasado

por alto ningún Chaturma1. Se comprometía a

los votos más arduos y los observaba sin vacilaciones.

La enfermedad no constituía una excusa para

aflojar su observancia. Me acuerdo de una vez que

cayó enferma mientras cumplía el voto de Chandrayana2:

no permitió que la enfermedad interrumpiera

:el cumplimiento de su. promesa. Realizar consecutivamente

dos o tres ayunos para ella. no era nada.

Vivir con una comida por día durante los Chaturmas

le era habitual. No contenta con eso, durante

uno de los Chaturmas ayunaba día por medio. Había

prometido que, en otro de los Chaturmas, no

tomaría ningún alimento sin antes ver el sol. Nosotros,

que en aquella época éramos unos niños, nos

1 Lit., un período de cuatro meses. Promesa de ayuno o semi ayuno durante los cuatro

meses de las lluvias. Este período es una especie de Cuaresma larga.

2 Una especie de ayuno en que se aumenta o disminuye la cantidad de

comida que se ingiere de acuerdo con el creciente y menguante de la

luna.

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15

quedábamos mirando fijamente el cielo en espera de

anunciarle a nuestra madre la salida del sol. Todo el

mundo sabe que en el apogeo de la estación de las

lluvias a menudo el sol no condesciende a mostrar

su rostro. Recuerdo días en que ante su súbita aparición

corríamos a anunciárselo a nuestra madre.

Ésta se apresuraba a salir para verlo con sus propios

ojos, pero en ese momento desaparecía el fugitivo

sol, privándola de su alimento. "No importa", decía

alegremente, "Dios no quiso que hoy comiera". Y

volvía a emprender la rutina de sus obligaciones.

Autobiografía, 1948, pp. 12-13

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16

4

LA ÉPOCA ESCOLAR

Desde los seis o siete años hasta los dieciséis

estuve en la escuela, donde me enseñaban toda clase

de cosas excepto religión. Debo decir que no logré

que los maestros me transmitieran lo que hubieran

podido darme sin ningún esfuerzo de su parte. A

pesar de todo, seguí aprendiendo cosas aquí y allá

en todo lo que me rodeaba. Utilizo el término "religión"

en su sentido más amplio, entendiendo por

religión la autorrealización o conocimiento del yo.

Dado que había nacido en la fe vaishnava, a

menudo tenía que ir al haveli; sin embargo, éste

nunca me atrajo. No me gustaba su brillo y su

pompa. Asimismo, había oído rumores de que allí

cundía la inmoralidad, de modo que el lugar no me

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17

ofrecía ningún interés. A partir de esta situación, no

podía extraer ningún beneficio del haveli.

No obstante, lo que no logré allí lo conseguí por

mi niñera, una vieja criada de la familia, cuyo afecto

por mí recuerdo todavía. He hecho alusión anteriormente

a que en mí habitaba el temor a los fantasmas

y los espíritus. Rambha -tal era su nombreme

sugirió como remedio para ese mal que repitiera

el Ramanama. Tenía más fe en ella que en su remedio

pero de todos modos comencé a esa tierna edad

a repetir el Ramanama para curar mi miedo a los

fantasmas y los espíritus. Esto duró poco, pero la

buena semilla esparcida en la infancia no fue sembrada

en vano. Creo que se debe a la semilla sembrada

por esa buena mujer que fue Rambha que hoy

en día el Ramanama se haya constituido para mí en

un remedio infalible.

Sin embargo, lo que me dejó una profunda impresión

fue la lectura del Ramayana que se le hacía a

mi padre. Parte del tiempo que mi padre estuvo enfermo

la pasó en Porbandar. Allí, todas las tardes

acostumbraba escuchar el Ramayana. El lector era

un gran devoto de Rama. Tenía una voz melodiosa.

Cantaba los dohas (dísticos) y los chopais (cuartetos)

y los explicaba, perdiéndose en las palabras y

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arrastrando consigo a sus escuchas. Por esa época

yo debía tener trece años pero me acuerdo muy bien

de haberme extasiado con sus lecturas. Esto fue lo

que echó los cimientos de mi profunda devoción

por el Ramayana. En la actualidad considero que el

Ramayana de Tulsidas es el libro mayor de la literatura

devota.

Pocos meses después de esto nos fuimos a Rajkot.

Allí no había quien leyera el Ramayana. Sin

embargo, se solía leer el Bhagavad los días ekadashi3.

Algunas veces yo me ocupaba de la lectura,

pero el recitador carecía de inspiración. Hoy en día

me doy cuenta que, el Bhagavad es un libro que

puede provocar el fervor religioso. Lo he leído en

gujarati con intenso interés. Cuando oí fragmentos

del original leídos por el Pandit Madan Mohan Malaviya

-esto ocurrió cuando ayuné, durante veintiún

días- deseé haberlo oído leer así en mi infancia por

un devoto como Malaviya para haberle cobrado afición

a temprana edad. Las impresiones que se forman

en esa época hunden profundas raíces en

nuestra naturaleza.

En Rajkot, sin embargo, adquirí la base esencial

de la tolerancia para con todas las. ramas del hin-

3 El undécimo día de la mitad oscura y la mitad brillante de un mes lunar.

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Re: Mi religion (Mahatma Gandhi)
« Reply #2 on: Noviembre 10, 2008, 06:32:18 pm »
De: The_dark_crow_v301 Enviado: 30/10/2005 0:33
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duismo y también para con las religiones hermanas.

Esto fue así porque mi padre y mi madre visitaban

el haveli tanto como los templos de Shiva y Rama y

nos llevaban o nos mandaban allí a los más jóvenes.

Los monjes jainas también visitaban con frecuencia

a mi padre y hasta se apartaban de su regla para

aceptar los alimentos que nosotros -no jainas- les

ofrecíamos. Asimismo, conversaban con mi padre

sobre temas religiosos y mundanos.

Mi padre tenía además amigos musulmanes y

parsis que le hablaban de sus respectivas creencias y

eran escuchados con respeto y, a menudo, con interés.

Por tener a mi padre bajo mi cuidado, tenía frecuentemente

oportunidad de estar presente en esas

charlas. Esa multitud de cosas se combinó para inculcarme

la tolerancia con todas las creencias.

En esa época el cristianismo constituía la única

excepción. Yo desarrollé por él una especie de antipatía.

Esto tuvo un motivo. En aquellos días los

misioneros cristianos acostum-braban pararse en

una esquina cerca del colegio superior para arengar

al público y arrojar denuestos contra los hinduistas y

sus dioses. Yo no podía soportarlo. Me quedé a escucharlos

una sola vez, pero fue suficiente para disuadirme

de repetir la experiencia. Por esos días oí

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20

que un hinduista muy conocido se había convertido

al cristianismo. Se convirtió en la comidilla de la

ciudad el que al bautizarlo había tenido que comer

carne y beber licor y que también tuvo que cambiar

de vestimenta. Desde entonces había comenzado a

pasearse en traje europeo, incluyendo un sombrero.

Estas cosas me irritaron profundamente. No cabe

duda -pensaba- que una religión que impulsa a comer

carne, beber licor y cambiar de vestimenta no

merece el nombre de religión. Asimismo, me enteré

que el nuevo converso ya había comenzado a denostar

la religión de sus antepasados, sus costumbres

y su país. Todas estas cosas hicieron surgir en

mí una gran antipatía por el cristianismo.

Por otra parte, el hecho de haber aprendido a

ser tolerante con las otras religiones no significaba

que tuviera una viva fe en Dios.

No obstante, algo había echado en mí raíces

profundas: la convicción de que la moral es la base

de las cosas y que la verdad es la esencia de toda

moral. La verdad se convirtió en mi único objetivo.

Su magnitud comenzó a crecer día a día y mi definición

de verdad también se fue ensanchando constantemente.

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21

Una estancia didáctica gujarati me conmovió el

corazón y la mente. Su precepto -devolver bien por

mal- se convirtió en mi guía primordial. Se me

transformó en una pasión tal qué comencé a realizar

numerosas experiencias de acuerdo con ese precepto.

Transcribo a continuación sus (para mí) maravillosas

líneas:

Por un cuenco de agua, ofrece una comida

abundante;

Por un saludo amable inclínate con fervor;

Por un simple penique devuelve oro;

Si tu vida ha de ser redimida, a la vida no

has de negar.

Observa las palabras y acciones del sabio:

Con diez veces su valor devuelve cada mínimo

servicio.

Los nobles verdaderos saben que todos los

hombres son uno.

Y con alegría al mal con el bien le pagan.

Autobiografía, 1948, pp. 47-51

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5

LA ÉPOCA DE ESTUDIANTE EN

INGLATERRA

Hacia el final de mi segundo año en Inglaterra

me crucé con dos teósofos, hermanos y -solteros

ambos. Me hablaron del Gita. Estaban leyendo la

traducción de Sir Edwin Arnold -The Song Celestial

(La Canción Celestial)- y me invitaron a leer el . oral

con ellos. Me sentí. avergonzado puesto que no había

leído el divino poema ni en sánscrito ni en gujarati.

Me vi constreñido a decirles que no había leído

el Gita pero que me sentiría muy contento de leerlo

con ellos y que, aunque mi conocimiento del sánscrito

era somero, esperaba sin embargo, comprender

el original como para decir cuándo la traducción

no lograba reflejar el sentido, verdadero. Comencé a

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23

leer el Gita con ambos. Los versos del segundo capítulo:

De las cavilaciones sobre los objetos de los;

sentidos surge el apego a ellos; del apego nace

el deseo y del deseo la pasión violenta

La pasión violenta alimenta el error, el error origina

la perturbación de la memoria y del dominio

consciente de sí mismo; la pérdida del

dominio propio destruye el entendimiento

intuitivo y con el derrumbe del entendimiento

viene la ruina del hombre mismo4

hicieron en mi mente una profunda impresión y aún

suenan en mis oídos. El libro me pareció de valor

inapreciable. Tal impresión se ha ido incrementando

con el tiempo, de resultas de lo cual hoy en día considero

al Gita como el libro par excellence5 para el

conocimiento de la Verdad. Me ha brindado una

ayuda invalorable en mis momentos de melancolía y

desconcierto.

Los hermanos me recomendaron también The

Light of Asia (La luz de Asia) de Sir Edwin Arnold,

4 Bhagavad-Gita, Editorial Dédalo, Buenos Aires, 1976.

5 En francés en el original.

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24

a quien hasta ese momento sólo conocía por ser el

autor de La Canción Celestial. Leí ese libro incluso

con más interés que el que había puesto en el Bhagavad-

Gita. Una vez que lo hube empezado no pude

dejarlo.

Recuerdo haber leído, a instancias de los hermanos,

la obra de Madame Blavatsky Key lo Theosophy

(La clave de la Teosofía). Este trabajo me

estimuló el deseo de leer libros sobre hinduismo,

quitándome la falsa noción-nutrida por los misioneros-

de que el hinduismo estaba lleno de supersticiones.

Por la misma época conocí a un buen cristiano;

de Manchester en una casa de huéspedes vegetariana.

Me habló del cristianismo. Le conté mis recuerdos

de Rajkot. Lo afligió el oírlos. Me dijo: "Soy

vegetariano. No bebo. Sin duda muchos cristianos

comen carne y beben pero ni el comer carne ni el

beber están prescriptos por las Escrituras. Por favor,

lea la Biblia." Acepté su consejo y me dio un

ejemplar.

Leí el libro del Génesis pero los capítulos siguientes

invariablemente me producían sueño. Pero

aunque fuera para poder decir que lo había leído,

me sumergí en los otros libros con mucha dificultad

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25

y sin el menor interés o comprensión. Me desagradó

la lectura del libro de los Números.

El Nuevo Testamento me produjo una impresión

diferente, en especial el Sermón de la Montaña

que me tocó directamente el corazón. Lo comparé

con el Gita. Los versos "Mas yo os digo: que no

resistáis el mal; antes a cualquiera que te hiriere en la

mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que

quisiera ponerte a pleito y tomarte tu ropa, déjale

también la capa'", me deleitaron más allá de toda

medida, recordándome el "Por un cuenco de agua

ofrece una comida abundante" del Shamal Bhatt. Mi

mente joven trataba de unificar las enseñanzas del

Gita, La Luz de Asia y el Sermón de la Montaña.

El renunciamiento, que era la forma más elevada

de religión, me atraía grandemente.

Esa lectura me estimuló la sed de estudiar la vida

de otros maestros religiosos. Un amigo me recomendó

el libro de Carlyle "Los Héroes y el culto

al héroe". Leí el capítulo del Héroe como Profeta

(Mahoma), extrayendo múltiples enseñanzas de la

grandeza, la valentía y la austeridad de la vida del

Profeta.

Excepto ese acercamiento a la religión, por el

momento no podía seguir con otros temas porque

M A H A T M A G A N D H I

26

las lecturas para el examen me dejaban muy poco

tiempo. Sin embargo; tomé nota mentalmente de

que, debía leer más libros religiosos y familiarizarme

con las principales religiones.

¿Y cómo podía dejar de saber algo sobre el

ateísmo también? Todos los hindúes conocían el

nombre de Bradlaugh y su así llamado ateísmo: Leí

sobre el tema algunos libros, cuyo nombre no recuerdo.

No me produjeron ningún efecto, puesto

que ya había cruzado el Sahara del ateísmo.

Autobiografía, 1948, pp. 90-93

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27

6

RAYCHANDBHAI

Las transacciones comerciales de Raychandbhai

ascendían a cientos de miles. Era un experto en

perlas y diamantes. Ningún problema de negocios,

por complicado que fuera, la resultaba demasiado

difícil. Pero todas esas cosas no eran el centro alrededor

del cual giraba su vida. Por el contrario, ese

centro estaba constituido por la pasión de ver a

Dios cara a cara. Entre las cosas que había sobre su

mesa de trabajo, invariablemente se podía encontrar

su diario y algunos libros religiosos. En el momento

en que terminaba sus negocios abría un libro religioso

o el diario. Muchos de los escritos suyos que

se han publicado son reproducciones de ese diario.

Un hombre que inmediatamente después de termi-

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28

nar sus conversaciones sobre importantes transacciones

comerciales, comienza a escribir sobre las

cosas ocultas del espíritu, evidentemente no puede

ser en absoluto un hombre de negocios sino un

buscador de la Verdad. Lo vi así, absorto en búsquedas

piadosas en medio de los negocios, no una o

dos veces sino muy a menudo. Nunca lo vi perder

su estado de equilibrio. Ni los negocios ni ninguna

otra ligazón egoísta lo ataba a mí y, sin embargo, yo

gozaba de un estrecho acercamiento con él. Por

entonces yo era un abogado sin clientes; no obstante,

siempre que lo veía nos embarcábamos en

conversaciones de naturaleza seriamente religiosa. Si

bien en esa época me hallaba buscando en las tinieblas

-por lo cual no podría afirmarse que tuviera un

serio interés en las discusiones religiosas- su conversación

me resultaba, empero, de absorbente interés.

Posteriormente conocí a muchos conductores y

maestros religiosos. He tratado de conocer a la

gente principal de las diversas creencias, pero debo

decir que nadie me hizo nunca la impresión que me

causó Raychandbhai. Sus palabras me llegaban directamente

a lo más hondo. Su intelecto me hacía

brotar una estima tan grande como su seriedad moral

y en lo profundo de mí yacía la convicción de

M I R E L I G I Ó N

29

que Raychandbhai nunca me conduciría adrede por

caminos equivocados y que siempre me confiaría

sus últimos pensamientos. Por ello, en mis momentos

de crisis espiritual, Raychandbhai era mi

refugio.

Sin embargo, a pesar de la estima que le tenía,

no pude entronizarlo en mi corazón como guru

mío. El trono ha permanecido vacante y mi búsqueda

aún continúa.

Tres personalidades modernas me han cautivado,

dejando una huella profunda en mi vida: Raychandbhai

por su trato personal, Tolstoy por su

libro EL reino de Dios está dentro de nosotros y

Ruskin por su obra Unto This Last.

Autobiografía, 1948, pp. 112-14

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30

7

EN ÁFRICA DEL SUR

El señor Baker estaba preocupado por mi futuro.

Me llevó a la Convención Wellington. Los cristianos

protestantes organizan reuniones con una

frecuencia determinada de años para facilitar el esclarecimiento

religioso o, dicho de otra manera, para

auto purificarse. Se podría llamar a esto

renovación o renacimiento religioso. La Convención

Wellington era de ese tipo. El señor Baker espetaba

que la atmósfera de exaltación religiosa de la

Convención y el entusiasmo y la seriedad del público

asistente me conducirían a abrazar el cristianismo.

La Convención era una asamblea de cristianos

devotos. Me encantó la fe que sentían. Me di cuenta

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31

que muchos oraban por mí. Me gustaron algunos de

sus himnos: son muy dulces.

La Convención duró tres días. Alcancé a comprender

y apreciar la devoción de los concurrentes.

Pero no encontré ningún motivo para cambiar mis

creencias, mi religión. Me era imposible creer que

podría ir al cielo o alcanzar la salvación solo con

volverme cristiano. Se lo dije así francamente a algunos

buenos amigos cristianos y éstos se sintieron

impresionados. No obstante, en esto no cabía ninguna

ayuda.

Mis reparos eran profundos. Era más de lo que

podía creer el que Jesús fuera el único hijo encarnado

de Dios y que solo quien creyera en él tendría

una vida perdurable. Si Dios podía tener hijos, todos

nosotros éramos Sus hijos. Si Jesús era semejante

a Dios -o Dios mismo- entonces todos los

hombres eran semejantes a Dios y podían ser Dios

mismo. Mi razón no estaba pronta a creer literalmente

que Dios había redimido con su muerte y su

sangre los pecados del mundo: quizá metafóricamente

se encerrara allí alguna verdad. Además, de

acuerdo con el cristianismo, solo los seres humanos

tienen alma, de la que carecen los otros seres vivientes,

por lo cual para éstos la muerte significaría

M A H A T M A G A N D H I

32

la completa extinción. Mis creencias al respecto, en

cambio, eran otras. Yo podía aceptar a Jesús en calidad

de mártir, de encarnación del sacrificio, de

maestro divino pero no como el hombre más perfecto

que haya existido. Su muerte en la cruz fue un

gran ejemplo para el mundo pero mi corazón, no

podía aceptar que hubiera en ello ninguna virtud

misteriosa o milagrosa. Las vidas piadosas de los

cristianos no me brindaban nada que no me dieran

las vidas de los hombres de otras creencias. En esas

vidas había visto las mismas conversiones que había

oído que ocurrían entre los cristianos. En los principios

cristianos no había nada filosóficamente extraordinario.

Desde el punto de vista de los

sacrificios me parecía que los hindúes habían sobrepasado

grandemente a los cristianos. Me resultaba

imposible considerar al cristianismo como una religión

perfecta o la más grande de todas las religiones.

Siempre que se presentaba la oportunidad,

compartía este batido mental con mis amigos cristianos,

pero sus respuestas no llegaban a satisfacerme.

Si bien no aceptaba que el cristianismo fuera la

religión más grande o perfecta, tampoco estaba

M I R E L I G I Ó N

33

convencido que lo fuera el hinduismo. Los defectos

hinduístas se me estaban volviendo visibles apremiantemente.

Si el dogma de la intocabilidad era

una parte del hinduismo, solo podía ser una raíz

podrida o una excrecencia. Me era difícil comprender

la raison d'etre6 de multitud de sectas y castas.

¿Qué significaba decir que los Vedas eran la Palabra

inspirada de Dios? Si habían sido inspirados por

Dios, ¿porqué no también la Biblia y el Corán?

Mis amigos cristianos intentaban convertirme y

lo propio procuraban hacer mis amigos musulmanes.

Abdullah Sheth insistía en inducirme a estudiar

el Islam del que, por supuesto, siempre tenía algo

que decir respecto de su belleza.

En una carta a Raychandbhai le expuse mis reparos.

Asimismo, envié misivas a otras autoridades

religiosas de la India, de las que obtuve debida respuesta.

La carta de Raychandbhai me tranquilizó un

tanto. Me pedía ser paciente y estudiar con mayor

profundidad el hinduismo. Una de sus frases iba en

ese sentido: "Desde un punto de vista desapasionado,

estoy convencido que ninguna religión tiene la

sutileza y profundidad de pensamiento del hinduismo,

su visión del alma, su piedad."

6 En francés en el original.

M A H A T M A G A N D H I

34

Aunque seguí un camino que mis amigos cristianos

no habían deseado para mí, he quedado

siempre en deuda con ellos por la búsqueda religiosa

que despertaron en mí. Siempre apreciaré el recuerdo

del trato que tuve con ellos.

Autobiografía 1948, pp. 160-72

Había ido a África del Sur para viajar, para huir

de las intrigas de Kathiawad y para ganarme mi

propio sustento. Pero, como ya he dicho, acabé en

la búsqueda de Dios y el deseo de autor realizarme.

Mis amigos cristianos me habían estimulado la

sed de conocimiento, que se había vuelto insaciable;

aquellos no me dejaban en paz, aunque deseaba ser

indiferente.

Mi correspondencia religiosa continuó. Raychandbhai

era por el momento mi guía. Leí con interés

el libro de Max Müller "¿Qué puede enseñarnos

la India?" y la traducción de los Upanishads

publicada por la Sociedad Teosófica. Todo esto

mejoró mi concepción del hinduismo y sus bellezas

comenzaron a crecer en mi. Sin embargo, eso no se

erigió en prejuicio contra las otras religiones. Leí la

"Vida de Mahoma y sus sucesores" de Washington

Irving y el panegírico de Cárlyle sobre el Profeta.

M I R E L I G I Ó N

35

Estas obras aumentaren mi estima por Máhoma:

También leí un libro titulado "Los dichos de Zaratustra".

De este modo adquirí mayores conocimientos

de las diferentes religiones. El estudio estimulo mi

auto introspección y alentó en mi el hábito de poner

en práctica cuanto me atraía de los estudios. En

consecuencia comencé algunas prácticas yóguicas,

tal como las entendí por la lectura de los libros hinduistas.

Sin embargo, no avancé demasiado, por lo

cual, cuando volví a la India, decidí continuarlas con

la ayuda de un experto. Este deseo nunca se realizó.

Por otra parte, efectué un estudio intensivo de

los libros de Tolstoy. "Síntesis de los Evangelios",

"¿Qué hacer?" y algunos otros de sus libros me causaron

una profunda impresión. Comencé así a tomar

más y más conciencia de las infinitas

posibilidades del amor universal.

Autobiografía, 1948, pp. 197-98

En 1893, cuando me puse en estrecho contacto

con amigos cristianos, yo era meramente un novicio.

Ellos trataban bravamente de hacerme ver y

aceptar el mensaje de Jesús, al par que yo me había

convertido en un oyente humilde y respe-tuoso de

M A H A T M A G A N D H I

36

mente abierta. En esa época yo estudiaba naturalmente

el hinduismo con el máximo de mis capacidades

y me esforzaba por comprender las demás

religiones.

En 1903 esa posición se modificó en parte. Mis

amigos teósofos claramente pretendían introducirme

en su sociedad por la perspectiva de conseguir

de mí algo que yo podía darles por ser hinduista. La

literatura teosófica rebosa de influencias hindúes,

por lo cual estos amigos esperaban que yo les fuera

de gran ayuda. Les expliqué que era mejor no hablar

de mi estudio del sánscrito, que no había leído las

escrituras hinduístas en el original y que incluso mi

conocimiento de las traducciones no era muy bueno.

Pero como creían en el samskara (las inclinaciones

determinadas por los nacimientos anteriores) y

en el punarjanma (el renacimiento) conjeturaban

que podrá, prestarles alguna. ayuda. Todo esto hacía

que me sintiera como un tritón entre peces pequeños.

Comencé a. leer el Rajayoga de Swami Vivekananda

con algunos de esos amigos y con otros el

Rajayoga de M. N. Divedi. Tenía que leer los Yoga

Sutras de Patanjali con un amigo y el Bhagavad Gita

con otros cuantos. Formamos una especie de Club

de Buscadores de la Verdad donde efectuábamos

M I R E L I G I Ó N

37

lecturas regulares. Ya mi fe estaba puesta en el Gita,

que ejercía sobre mí una gran fascinación, pero entonces

me di cuenta de la necesidad de adentrarme

más en él tenía una o dos traducciones, mediante las

cuales traté de comprender el original sánscrito.

Asimismo, decidí aprender de memoria uno o dos

versos por día, para lo cual utilicé el tiempo de mis

abluciones matinales. La operación me demandaba

treinta y cinco minutos: quince minutos para cepillarme

los dientes y veinte para el baño. Acostumbraba

realizar lo primero parándome a la manera

occidental. Por lo tanto, en la pared opuesta pegué

tiras de papel en las que había escrito versos del

Gita y me remitía a ellas de cuando en cuando para

ayudarme a memorizar. Pensé que ese rato era suficiente

para retener el fragmento del día y recordar

los versos que ya había aprendido. Me acuerdo que

así le confié a mi memoria trece capítulos.

El efecto que esas lecturas del Gita tuvieron sobre

mis amigos solo ellos pueden decirlo; en cuanto

a mí, el Gita se convirtió en una infalible guía de

conducta. Se transformó en mi diccionario de referencia

diaria. Del mismo modo que consultaba el

diccionario inglés para los significados de las palabras

que no comprendía, consultaba este dicciona-

M A H A T M A G A N D H I

38

rio de conducta en busca de una rápida solución

para todos mis conflictos y problemas. Quedaba en

palabras tales como aparigraha (no-posesión) y samabhava

(ecuanimidad). La cuestión que se presentaba

era cómo cultivar y preservar esa

ecuanimidad. ¿Cómo podía hacerse para tratar de

igual manera a los oficiales insultantes, insolentes y

corruptos, a los colaboradores de ayer que se erigían

-sin fundamento- en opositores y a los hombres que

siempre habían sido buenos con uno? ¿Cómo se

podía hacer par, despojarse de todas las posesiones?

¿El cuerpo mismo no era acaso una posesión? ¿No

eran posesiones la mujer y los hijos? ¿Yo tenía que

destruir todos los armarios de libros que tenía?

¿Debía renunciar a cuanto tenía para seguir a Dios?

Al punto llegaba la respuesta: no podía seguir a

Dios a menos que abandonara cuanto tenía. Mis

estudios de las leyes inglesas me sirvieron de ayuda:

acudieron a mi memoria los: razonamientos de Snell

sobre las máximas de la Equidad. A la luz de las enseñanzas

del Gita comprendí más claramente las

implicancias de la palabra "depositario". Esto aumentó

mi estima por la jurisprudencia, puesto que

descubrí su parte religiosa. Me di cuenta que la enseñanza

del Gita sobre la no-posesión podía tradu-

M I R E L I G I Ó N

39

cirse en que aquellos que desean la salvación deben

actuar como el depositario que, controlando grandes

posesiones, no considera propio ni un ápice de

ellas. Se me hizo claro como la luz del día que la noposesión

y la ecuanimidad presuponen un cambio

de las emociones,. un cambio de actitud. Le escribí

entonces a Revashankarbhai diciéndole que suspendiera

la. póliza de seguros y recobrara lo que se pudiera

o, de lo contrario, que diera por perdida la

prima que se había pagado, porque estaba convencido

que Dios, que había creado a mi mujer y a mis

hijos de la misma manera que a mí, se preocuparía

por ellos. A mi hermano, que había sido un padre

para mí, le escribí informándole que había renunciado

a lo que había ahorrado hasta ese momento y

que desde ahí en adelante no esperara nada de mí

porque los futuros ahorros -si los hubiera- serían

utilizados en beneficio de la comunidad.

Autobiografía, 1948. pp. 322-24

Partí para Natal. El señor Polak, que se había

vuelto mi confidente íntimo, vino a despedirme a la

estación y me dejó un libro para leer durante el viaje,

diciéndome que estaba seguro me gustaría. Era

Unto This Last, de Ruskin. Una vez que lo hube

M A H A T M A G A N D H I

40

empezado me fue imposible dejar de lado el libro.

Me atrapó. El viaje de Johannesburgo a Durban

dura veinticuatro horas. El tren llegó allí a la tarde.

Esa noche no pude conciliar el sueño. Decidí cambiar

mi vida de acuerdo con los ideales del libro.

Más tarde lo traduje al gujarati dándole el título

de Sarvodaya (El bienestar de todos).

Creo que en este gran libro de Ruskin descubrí

reflejadas algunas de mis convicciones más profundas:

tal es la razón de que me cautivara de ese modo,

transformándome la vida. Poeta es quien hace

aflorar lo bueno latente en el corazón humano. Los

poetas no influyen en todos de la misma manera

porque todos no evolucionan en igual medida.

Entiendo que éstas son las enseñanzas de Unto

This Last:

1. El bien del individuo está subsumido en el

bien de todos.

2. El trabajo de un abogado tiene el mismo valor

que el de un peluquero, por cuanto todos tienen

el mismo derecho a ganarse el sustento con su trabajo.

3. La vida de trabajo, por ejemplo la de quien

cultiva el suelo o la del artesano, es la vida que vale

la pena de ser vivida.

M I R E L I G I Ó N

41

Yo ya sabia el primer de estos puntos. El segundo

lo había comprendido oscuramente. El tercero

no se me había ocurrido nunca. Unto This Last

hizo que me fuera claro como el día que el segundo

y' el tercero de los puntos estaban contenidos en el

primero. Me levanté con el alba, decidido a poner

en práctica estos principios.

Autobiografía, 1948, pp. 364-65.

M A H A T M A G A N D H I

ArjunaV

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Re: Mi religion (Mahatma Gandhi)
« Reply #3 on: Noviembre 10, 2008, 06:32:56 pm »
De: The_dark_crow_v301 Enviado: 30/10/2005 0:34
42

TERCERA PARTE

YO RESPETO TODAS LAS RELIGIONES

8

TODAS LAS RELIGIONES CONDENAN A

DIOS

Mi instinto hinduista me dice que todas las religiones

son más o menos verdaderas. Todas proceden

del mismo Dios pero todas son imperfectas

porque han descendido hasta nosotros a través de la

imperfecta mediación humana.

Young India, 29-5-'24, p. 180

Las religiones son caminos diferentes que convergen

al mismo punto. ¿Qué importa que tomemos

vías diversas en tanto lleguemos a la misma

M I R E L I G I Ó N

43

meta? En realidad, hay tantas religiones como individuos.

Hind Swaraj o Indian Home Rule, 1939, pp. 38 & 35

En teoría, puesto que hay un Dios sólo puede

haber una religión. No obstante, en la práctica no

he conocido dos personas que tuvieran una concepción

idéntica de Dios. Por ello, quizá siempre haya

diversas religiones para responder a los diferentes

temperamentos y condiciones climáticas.

Harijan, 2-2-'34, p. 8

No comparto la idea de que hay o habrá una

sola religión en la tierra. Por ello, lucho por encontrar

un factor común y también para inducir a la

tolerancia mutua.

Young India, 31-7-'24, p. 254

No me gusta la palabra tolerancia pero no puedo

pensar una mejor. La tolerancia podría implicar

la pretensión gratuita de que las otras creencias son

inferiores a la propia, al paso que el ahimsa nos enseña

a tener por la fe religiosa de los demás el mismo

respeto que le acordamos a la nuestra,

admitiendo así la imperfección de esta última. El

M A H A T M A G A N D H I

44

buscador de la Verdad, que sigue la ley del Amor,

admitirá eso prontamente. Si logramos la visión total

de la Verdad, ya no seremos meros buscadores

de la Verdad sino que nos uniremos a Dios porque

la Verdad es Dios. Pero como aún solo somos gente

que ansía la Verdad debemos proseguir nuestra

búsqueda, conscientes de nuestra imperfección. No

hemos aprehendido la religión en su máxima perfección

así como no hemos aprehendido a Dios. La

religión que concebimos, al ser imperfecta, estará

siempre sujeta a un proceso de evolución y reinterpretación.

El progreso hacia la Verdad, hacia

Dios, se hace posible sólo a través de esa evolución.

Y si todas las creencias que los hombres delinean

son imperfectas, no cabe el problema de los méritos

com-parativos. Todas las creencias constituyen una

revelación de la Verdad, pero todas son imperfectas

y están sujetas a error. La reverencia que nos merecen

las religiones no debe cegarnos a sus defectos.

Asimismo, debemos ser agudamente sensibles a los

errores de nuestra fe, no para dejarlos tal como están

sino para tratar de superarlos. Observando las

religiones con ojo imparcial no sólo no debemos

vacilar en incorporar a nuestra fe los rasgos acepta-

M I R E L I G I Ó N

45

bles de las otras creencias sino, por el contrario,

pensar que ése es nuestro deber.

Tal como un árbol tiene un sólo tronco y muchas

ramas y hojas, existe una sola religión perfecta

y verdadera que se multiplica en una diversidad al

pasar a través de la mediación humana. Esa Religión

única está más allá de las palabras. Hombres imperfectos

la pusieron en el lenguaje que manejaban y

sus palabras son interpretadas por otros hombres

igualmente imperfectos. ¿Cuál de las interpretaciones

habremos de sostener que es la correcta? Cala

uno está en lo cierto desde su punto de vista pero

no es imposible que todos estén equivocados. Tal es

la razón de que sea necesaria la tolerancia, que no

significa indiferencia por la propia religión sino un

amor más puro e inteligente por ella. La tolerancia

nos brinda la percepción espiritual que está tan lejos

del fanatismo cama el polo norte lo está del sur. El

conocimiento verdadero de la religión quiebra las

barreras que se alzan entre las creencias.

From Yeravda Mandir, 1945, pp. 38-40

Me he dado cuenta que siempre estoy en lo

cierto desde mi punto de vista y que a menudo estoy

equivocado desde el punto de vista de mis críti-

M A H A T M A G A N D H I

46

cos honestos. Sé que unos y otro estamos en lo

cierto desde nuestros respectivos puntos de vista.

Saber esto me salva de atribuirle razones a mis críticos

u oponentes. Los siete ciegos que dieron siete

descripciones diferentes del elefante, estaban en lo

cierto desde sus puntos de vista respectivos, equivocados

desde el punto de vista de los otros y en lo

cierto y equivocados desde el punto de vista del

hombre que sabía que era un elefante. Me gusta

mucho esta doctrina de las múltiples normas de la

realidad. Esta doctrina fue la que me enseñó a juzgar

al musulmán desde su propio punto de vista y al

cristiano desde el suyo. Antes, la ignorancia de mis

oponentes me ofendía. En la actualidad, puedo

amarlos porque estoy dotado con la mirada que me

permite verme como veo a los demás y. viceversa.

Quisiera estrechar al mundo, entero en el abrazo de

mi amor.

Young India, 21-1-'26, p. 30

M I R E L I G I Ó N

47

9

MI ACTITUD HACIA LAS ESCRITURAS DE

LAS OTRAS RELIGIONES

No me interesa criticar las escrituras de las religiones

o señalar sus defectos. Sin embargo, es y seguirá

siendo privilegio mío proclamar y practicar las

verdades que pueda haber en ellas. Por ello, no critico

ni condeno las cosas del Corán o de la vida del

Profeta que no puedo comprender. Pero me congratulo

ante cada oportunidad que se presenta de

expresar mi admiración por los aspectos de su vida

que he sido capaz de apreciar y comprender. En

cuanto a las cosas que presentan dificultades, estoy

contento de verlas a través de los ojos de mis amigos,

los devotos musulmanes, en tanto trato de

comprenderlas con la ayuda que me brindan los es-

M A H A T M A G A N D H I

48

critos de los eminentes muslimes, intérpretes del

islamismo. Solo mediante una aproximación respetuosa

a creencias distintas a la mía, pues aprehender

el principio de la igualdad de todas las religiones. Sin

embargo, es a la vez mi derecho y mi deber señalar

los defectos del hinduismo para purificarlo y mantenerlo

puro. No obstante, cuando los críticos nohinduistas

comienzan a criticar al hinduismo y a catalogar

sus defectos, lo que hacen es proclamar su

ignorancia del hinduismo y su incapacidad de verlo

desde el punto de vista hinduista. Esto distorsiona

su visión y vicia su juicio. De tal manera, mi experiencia

frente a las críticas no-hinduístas del hinduísmo

es que éstas me recuerdan mis limitaciones

y me enseñan a ser cuidadoso antes de lanzarme a

criticar al islamismo, al cristianismo n a quienes establecieron

los fundamentos de esas religiones.

Harijan, 13-3-'37, p. 34

(En el ashram) efectuamos lecturas regulares del

Bhagavad-Gita y ahora hemos llegado al punto de

que al final de la semana terminamos el Gita habiendo

leído todas las mañanas determinados capítulos.

Además, recitamos himnos de diversos santos

de la India y también agregamos algunos pertene-

M I R E L I G I Ó N

49

cientes al libro de himnos cristiano. Dado que

Khansaheb se halla entre nosotros, efectuamos asimismo

lecturas del Corán. En cuanto a mí, obtengo

gran consuelo con el Ramayana de Tulsidas. Logro

igualmente mucho solaz con el Nuevo Testamento

y el Corán. Mi manera de acercarme a estos libros

carece de sentido crítico. Me resultan tan importantes

como el Bhagavad-Gita, aunque no los considero

atrayentes en su totalidad; por ejemplo, en las

Epístolas de Pablo no me atrae todo y lo mismo me

ocurre con el Tulsidas. En consecuencia, no se presenta

un problema de selección.

Con todas las escrituras, incluyendo el Gita,

pongo en funcionamiento mi juicio crítico. No puedo

permitir que el texto de las escrituras invalide mi

razón. Aun cuando creo que los libros fundamentales

son de inspiración divina, entiendo que están

sometidos a una doble destilación. En primer lugar,

nos llegan a través de un profeta humano y, en segundo

término, mediante los comentarios de los

intérpretes. Nada hay en ellas que venga directamente

de Dios. Mateo da una versión de un texto y

Juan da otra. No puedo hacer capitular a mi razón

aun cuando acepte la revelación divina. Y, por sobre

todas las cosas "la letra mata, el espíritu da vida".

M A H A T M A G A N D H I

50

Pero no debéis malinterpretar mi posición. También

creo en la fe, en las cosas donde la razón no tiene

cabida.

Harijan, 5-12'38, pp. 339 y 345

No soy una persona muy literal. En consecuencia,

trato de comprender el espíritu de las distintas

escrituras del mundo, interpretando las mediante la

aplicación de la prueba de la Verdad y el Ahimsa

formulada por esas mismas escrituras. Rechazo

cuanto no sea coherente con esa prueba y aprecio lo

que es coherente con ella.

El conocimiento no puede ser prerrogativa de

ninguna clase o sector. No obstante, comprendo la

imposibilidad que tienen las gentes para asimilar las

verdades más elevadas o sutiles, a menos que hayan

realizado un entrenamiento previo, a semejanza de

esas personas, que no han tenido una preparación

preliminar y por lo tanto son completamente incapaces

de respirar la atmósfera rarificada de las grandes

elevaciones; o como quienes no pasaron por el

entrenamiento preliminar de las matemáticas simples

están incapacitados para .comprender o asimilar

la geometría o el álgebra superior.

Young India, 27-8-'25, p. 293

M I R E L I G I Ó N

51

Sostengo que es deber de todo hombre o mujer

cultos leer con simpatía las escrituras del mundo. Si

respetáramos las religiones de los demás como quisiéramos

que respetaran la nuestra, se impondría

como un deber sagrado el estudio amistoso de las

religiones del mundo. Mi estudio respetuoso de las

religiones no ha disminuido mi reverencia por las

escrituras hinduistas ni mi fe en ellas. En realidad las

religiones dejaron una marca profunda en mi comprensión

de las escrituras hindúes, ampliando mi

concepción de la vida. Ese estudio me permitió

comprender más claramente numerosos pasajes oscuros

de las escrituras hinduistas.

Voy a aclarar esto. Si puedo llamarme, digamos,

cristiano o musulmán, con mi interpretación de la

Biblia y el Corán no vacilaría en denominarme de

ambas formas, porque entonces hinduista, cristiano

y musulmán serían términos sinónimos. Creo que

en el otro mundo no hay hinduistas, cristianos ni

musulmanes. Todos son juzgados, no de acuerdo

con sus rótulos o profesiones, sino de acuerdo con

sus acciones, independientemente de la profesión

que tengan. En nuestra existencia terrena siempre

existirán esas diferenciaciones. Por consiguiente,

prefiero retener el rótulo de mis antepasados en

M A H A T M A G A N D H I

52

tanto no frene mi evolución ni me impida asimilar

lo bueno allí donde lo encuentre.

Young India, 2-9-'28, p. 308

M I R E L I G I Ó N

53

10

NUESTRA RELIGION.

La analogía más adecuada, aunque muy incompleta,

que encuentro para la religión es compararla

con el matrimonio. Este es -o suele ser- un lazo indisoluble.

En mayor grado lo es el lazo de la religión.

Uno se mantiene fiel a la propia religión y

halla pleno contento en esa adhesión de la misma

manera que el marido se mantiene fiel a su mujer -o

la mujer a su marido, no porque crean que el otro

tiene alguna exclusiva superioridad sobre el resto de

las personas pertenecientes a su mismo sexo, sino

porque encuentran que tiene una atracción que es

irresistible aunque no puedan definirla. Al igual que

un marido fiel no necesita considerar a las otras

mujeres inferiores a su esposa para mantener su fi-

M A H A T M A G A N D H I

54

delidad, la persona que abraza una religión no tiene

necesidad de considerar a las demás inferiores a la

suya. Extendamos aún más la analogía: así como la

fidelidad a la esposa no presupone ceguera ante sus

defectos, la fidelidad a la propia religión no presupone

ceguera ante los defectos de esa religión. En

realidad, la fidelidad, no la ciega adhesión, exige una

percepción aguda de los defectos y, por consiguiente,

una conciencia aguda de cuál es el remedio

apropiado para eliminarlos. Dada la concepción que

tengo de la religión, me es innecesario analizar las

bellezas del hinduismo. El lector puede estar seguro

que no seguiría siendo hinduísta si no estuviera seguro

de sus muchas bellezas. Sólo que, dentro de mi

economía, no necesito que esas bellezas sean exclusivas.

Por lo tanto, mi acercamiento a las demás religiones

no es con una actitud de manía crítica sino

con la del devoto que espera encontrar en las otras

religiones parecidas bellezas y desea incorporar lo

bueno que halle en esas creencias y que echa de

menos en su propia religión.

Harijan, 1-2-‘33, P. 4

A pesar de ser un fiel hinduísta, encuentro en

mi fe lugar para las enseñanzas cristianas, islámicas y

M I R E L I G I Ó N

55

zoroastrianas; en consecuencia hay gente a quienes

les parece que mi hinduismo es un conjunto de cosas

diversas, en tanto otras me tildan de ecléctico.

Ahora bien, llamar acléctica a una persona es decirle

que no tiene fe cuando, por el contrario. la mía es

una fe muy amplia que no se opone a los cristianos

-incluso a los hermanos Plymouth- y tampoco al

más fanático de los musulmanes. Es una fe basada

en la más amplia tolerancia posible. Renuncio a denostar

a un hombre por sus convicciones fanáticas

puesto que trato de verlas desde su punto de vista.

Esa amplia fe es lo que me mantiene. Sé que es una

posición un tanto embarazosa, pero para los otros,

no. para mí.

Young india, 22.1-'27, p. 425

M A H A T M A G A N D H I

56

11

CRISTIANISMO

El Nuevo Testamento me produjo un bienestar

y un contento ilimitados que se sucedieron a la repulsión

que me habían causado diversas partes del

Viejo Testamento. Supongamos que se me privara

del Gita y que me olvidara por completo de su

contenido pero que me quedara un ejemplar. del

Sermón (de la Montaña): hoy por hoy extraería de él

el mismo júbilo que me produce el Gita.

Young India, 22-12-'27, p. 248

Jesús expresó como nadie el espíritu y la voluntad

de Dios. Por este motivo, Lo veo y Lo reconozco

como el Hijo de Dios. Dado que la vida de Jesús

tiene el significado y la trascendencia que he men-

M I R E L I G I Ó N

57

cionado, creo que Él pertenece no solamente al

cristianismo sino al mundo entero, a todas las razas

y gentes, sin que importe mucho bajo qué bandera,

nombre o doctrina sirvan, profesen una fe o adoren

al Dios heredado de sus antepasados.

The Modern Review, octubre de 1941, p. 408

En Roma, al ver una pintura del Cristo crucificado,

Gandhiji observó: "¿Qué no hubiera dado por

poder inclinarme ante la imagen viviente del Cristo

crucificado del Vaticano? No fue sin grandes esfuerzos

que pude arrancarme de la escena de la tragedia

viviente. Allí comprendí súbitamente que las

naciones, como los individuos, solo pueden construirse

por la agonía de la Cruz y que no hay otro

camino posible. La .alegría surge no de infligirle

dolor a los demás sino del dolor voluntariamente

admitido.

This was Bapu, por R. K. Prabhu, 1954 p. 29

M A H A T M A G A N D H I

58