Author Topic: El ultimo chaman  (Read 1369 times)

Crow

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El ultimo chaman
« on: Diciembre 27, 2007, 11:45:06 am »
El último chamán  Carlos Andrade, lingüista y periodista ecuatoriano
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Los záparas en el siglo xix. Grabado del libro del explorador italiano Gaetano Osculati, Esplorazione delle regioni equatoriali (1848).






Mi lengua, mi apreciada posesión. Mi lengua, mi objeto de afecto. Mi lengua, mi precioso ornamento.

De un poster en lengua maorí (Nueva Zelandia)
   

El centenar de záparas que viven en la Amazonia ecuatoriana han emprendido una carrera contra el tiempo para resistir a una muerte anunciada y recuperar su lengua, su cultura y su territorio.

“Yo soy Manari, que en mi lengua, el idioma záparo, es un lagarto poderoso en la selva, pero para que nos inscriban en el Registro Civil nos hemos tenido que poner nombres españoles y en tu lengua me llamo Bartolo Ushigua. (…) Los záparas éramos uno de los pueblos indios más grandes de la Amazonia, y también los que teníamos chamanes más poderosos porque conocían los secretos medicinales de más de quinientas plantas.”1
Así habla Manari, 25 años, hijo del último chamán fallecido hace tres años y presidente de los 115 záparas que viven en la actual provincia amazónica de Pastaza, a 240 km al sur de Quito en las riberas del río Conambo; un río por el que llegaron todos los infortunios que aceleraron su decadencia: los colonizadores, las enfermedades, el boom del caucho, la esclavitud, las guerras, la explotación petrolera, la “modernidad”. “Desde que vinieron a nuestra selva los blancos caucheros”, añade Manari, “han tomado a nuestros hermanos para obligarles a trabajar como esclavos y también para venderlos como si fueran mercancía. Cuando ellos vinieron trajeron también enfermedades que nosotros no conocíamos, que nuestros chamanes no sabían cómo curar, entonces ha muerto la mayoría de nuestro pueblo.”
“En esta Patria, oficialmente, los záparas han desaparecido”, se apresuró a afirmar un texto publicado en Ecuador a principios de los años 90. Pero los záparas están empeñados en sobrevivir, aunque las amenazas que pesan sobre ellos son más de las que pueden contar: su sistema numeral llega hasta el tres.
El rescate de la lengua zápara es, junto con la delimitación definitiva de su territorio y el reencuentro con sus parientes del otro lado de la frontera con el Perú, uno de los tres pilares del combate que los jóvenes záparas, encabezados por Manari y apoyados por la Organización de los Pueblos Indígenas del Pastaza (OPIP), se propusieron librar hace tres años para salvar su cultura y su modo de vida tradicional de recolectores y cazadores. El balance es hoy poco halagador.

“Somos pocos y tenemos miedo de acabarnos”
El reencuentro con sus familiares peruanos, de quienes se separaron hace casi 60 años, luego de una guerra entre ese país y el Ecuador, no ha podido concretarse. El viaje puede tardar un mes río abajo y hasta tres meses río arriba y es apenas hace un par de meses que los záparas recibieron un motor fuera de borda como donación. El viaje implica también contactos diplomáticos para penetrar en un territorio de alta conflictividad. “Nosotros somos ecuatorianos”, dice Manari, “pero antes los záparas éramos un solo pueblo y éramos una sola selva. Por eso nosotros no sabemos sacar permiso en la frontera y no sabemos cómo buscar a nuestros hermanos.”
La idea es que un grupo ya escogido de cuatro niños viajen al encuentro de los chamanes que están del lado peruano para que éstos los instruyan en sus prácticas. Ello es fundamental para la supervivencia de la comunidad, pues desde que murió el último chamán hace tres años los záparas han perdido la única fuente de saber sobre sus tradiciones, sobre el poder curativo de las plantas y los secretos de la selva. “Desde que murió mi padre no tenemos quien nos proteja y muchos de nuestros hermanos están enfermándose y muriendo”, dice Manari. La transmisión de los saberes tradicionales y las terapias del chamanismo sólo son posibles a través de la lengua. La conservación del idioma záparo es algo más que una cuestión cultural, es la supervivencia física de la comunidad, su existencia misma, lo que está en juego. Y el proyecto para recuperarla es una carrera contra el tiempo, pues sólo la hablan aún cinco personas muy ancianas que viven a varios días de camino unas de otras. Una de ellas es Sasiko Takiauri, que nació hace unos setenta años a orillas del Conambo. “Por ese entonces”, recuerda Sasiko, “todos hablaban záparo; yo aprendí el quichua recién a los 18 años.”
La historia la lengua zápara es común a las del resto de la región. Forma parte de la familia lingüística del mismo nombre, junto con el arabela, el iquito y el taushiro del Perú y guarda parentesco con otras ya desparecidas (konambo, gae y andoa). El záparo cedió espacio al quichua recientemente. Hace unos 60 años, según cuenta Sasiko, los záparas comenzaron a identificarse con la cultura de los quichuas cuando se hicieron frecuentes los intercambios comerciales con el poblado quichua de Sarayacu. Hoy, los nietos y bisnietos de Sasiko que viven en los poblados záparas de Llanchama Cocha, Jandia Yacu y Mazaramu, reciben clases en quichua y español, según un modelo de educación bilingüe implantado por el Estado. Los profesores tienen el nivel de bachillerato, no son originarios de las comunidades donde enseñan, reciben un sueldo mensual de cuatro dólares y no dudan en declarar que se irán de ahí apenas puedan. Sus alumnos casi no hablan español y aprenden el quichua casi exclusivamente de forma oral.
“No nos ha gustado a nosotros pedir favores”, dice Manari. “Pero como ahora somos pocos tenemos miedo de acabarnos.” Mientras tanto los viejos, con Sasiko a la cabeza, vuelven a dar a los niños nombres en su lengua, Newa, Toaro, Mukútzagua (perdiz, loro, pájaro oropéndola), para hacer saber al mundo que los záparas no han desaparecido.

1. Las palabras de Manari están tomadas de una carta que envió hace dos años al agregado cultural de la embajada del Ecuador en el Perú solicitando su intervención para que los záparas ecuatorianos pudieran cruzar la frontera y encontrar a sus hermanos peruanos.


nauta@speed.net.ec
Organización de Pueblos Indígenas del Pastaza (OPIP)
General Villamil s/n° y Teniente Hugo Ortiz
Puyo, Ecuador